18 sept. 2015

Secret Wars (o el día en que fui expulsado de Marvel)

Marvel me ha expulsado del mundo superheroico, me ha sacado del círculo. Ya no formo parte de ese sueño de hombres musculosos en mallas y mujeres con pechos de acero.

He abierto el primer número de Secret Wars con unas expectativas muy altas y algo de nostalgia. La portada metalizada, la grapa, esas cubiertas alternativas de Tyler Crhistopher... Además, el guión de Hickman es garantía de buen oficio y el dibujo de Ribic es maravilloso. Incluso el argumento no está nada mal, en serio. Tiene mucha épica, mucho homenaje y mucha scifi de esa que se vende a granel en la televisión últimamente.

El problema es más de base: no entiendo nada. No sé quién es quién, y cuándo llego a descifrarlo resulta que no es el de Tierra-1, sino el de Tierra-7894. Y no tiene ni la misma historia, ni los mismos poderes, ni siquiera es de los bueno ya... En el número 1 de las nuevas Secret Wars (que a muchos niveles son un reboot) dos mundos paralelos están en lucha, y me cuesta una barbaridad discernir en qué bando está cada uno.

(el siguiente párrafo contiene spoilers)
De todas formas, no importa mucho, porque en este mismo número todos los universos y todo el mundo desaparecen. Bueno, al principio del número 2 descubres que en realidad no todos los universos han desaparecido. Y al final, también que no todo el mundo había desaparecido. Deberían penalizar a todos los guionistas que sigan utilizando el truco de “no estaba muerto, estaba de parranda”.

Supongo que Marvel expulsa a una generación cada cierto tiempo. Dice: “¿No puedes dedicar tu vida entera a comprar mis cómics? ¡Pues fuera!”. Yo aguanté más o menos bien hasta Vengadores: Desunidos y Civil War. A partir de ahí todo se volvió confuso. Creo que el tiempo que hay que dedicar para asumir el universo Marvel es demasiado elevado para un lector medio (y me refiero con lector medio a uno que no lee exclusivamente cómics de superhéroes).

No sé a que juega la Casa de las Ideas, pero ahora mismo es imposible acercarse a un cómic suyo como neófito. Todo es luces y ruido para un lego. Ha llegado un punto en el que solo disfruto con los universos alternativos; y con “universos alternativos” me refiero a aquellas historias que están fuera del canon, no al dichoso multiverso. Y que no me vendan la moto, porque el canon ha perdido ya todo el sentido, convirtiéndose en un gran “What if?” en el que todo vale. Incluso hacer del universo Marvel un juego de tronos.

13 sept. 2015

Cada vez somos más frikis: sobre el daño que hacen las adaptaciones cinematográficas a la imagen del cómic


Portada de Batgirl #35 edición USA
Yo leo cómics, pero no veo series de superhéroes. Y me da igual quién va a interpretar a Capitana Marvel en la gran pantalla. Cada día me encuentro en mis timelines un montón de noticias sobre el guión de la próxima peli de los X-Men, que si Ronda Rousey quiere aparecer en una producción de Marvel o que si a Green Arrow se le cae un moco. En Facebook leo encendidos debates sobre si Spiderman o la Antorcha Humana deberían ser negros o no. Ahí hay gente muy enfadada con eso.

El universo cinematográfico/televisivo de los superhéroes es el nuevo opio del lector de cómics, puro spam, cultura basura.

En serio. Me gusta el cine, lo sabéis. Disfruto con las pelis de superhéroes e incluso con alguna serie. Pero no entiendo ese trasvase de interés del cómic hacia el cine, el mismo trasvase que tanto se le ha criticado a la propia Marvel. Necesito pensar que, en realidad, hay un elevado volumen de lectores de cómics que son más bien fanáticos de lo superheroico (o lo fantástico, en general) que del propio arte del cómic. Es decir: si me gusta Watchmen, el cómic, no espero verlo trasladado a la gran pantalla para tener una versión mejor; o con música, o con movimiento, o con gente de carne y hueso. No espero que el cine supere al cómic. No creo que el cine sea un arte mejor. Puedo ver la película de Zack Snyder y disfrutarla, pero como algo necesariamente independiente del tebeo. Y no me encontraréis en debates sobre lo fidedigna que ha sido tal o cual adaptación. Me parece algo tedioso y estéril. Es más, espero que cualquier adaptación de un cómic al cine difiera del original, lo reinterprete y aporte una visión nueva; como lo espero de cada nueva versión de una canción o de cada remake de una película. Si no, no hace falta. Ya tengo el cómic, ya tengo la obra original.

Pero no he venido aquí a criticar al fandom, todo lo contrario. Ahí está, con su folclore, su hype y, como no, el negocio que todo ello mueve. No me molesta más que cualquier otra moda, secta, tribu, fauna, cultura o cómo queráis llamarlo. Vengo a criticar la dictadura de la imagen en movimiento. Supongo que ningún fan de Batman espera que adapten al ballet el Año Uno, o un libro de poesía sobre Catwoman. Pero todos esperan verlo en el cine dándose de lo lindo con Superman.

Eso no es amor al cómic. Es un sueño de infancia alargado innecesariamente, autojustificado bajo una pátina de progresismo/posmodernismo cultural pervertido que ha desdibujado los límites entre la cultura popular y la cultura basura. Hay ahí mucha doble moral y diferentes varas de medir. En un contexto general, no tengo muchas dudas de que metería en el mismo saco el Sálvame de Jorge Javier Vázquez y algunos cómics de superhéroes que he leído últimamente. También algunas series de televisión que me parecen comida para perros.

Eso no es arte. Es cultura popular, triturada para ser vendida en masa y disfrazada de arte para reivindicarse a sí misma.