21 feb. 2015

minireseña: BIRDMAN

puntuación: 6
Pese a la pereza inicial, y después de oír tanto que “es muy buena” como que “es muy mala”, por fin he visto Birdman (Alejandro González Iñárritu, 2014), una de las películas de la temporada. Y la he visto no tanto para comprobar si era buena o era mala (que, la verdad, ni fu ni fa), sino porque se ha dicho que contiene una dura crítica contra las películas de superhéroes. Y, como ya sabéis lo que opino sobre el tema, decidí echar un ojo, a ver qué se cocía ahí.

Y qué sorpresa al encontrarme con todo lo contrario, al menos a mi entender. Porque Iñárritu no dispara contra las películas de superhéroes, sino contra ese cine premeditadamente intelectual que la propia película representa en un ejercicio paradójico. Son precisamente los personajillos que viven en ese ambiente de impostura, y que en la película son caricaturizados, los que articulan el discurso contra el blockbuster. Su crítica, manida y repetitiva, además de vacía, tiene poco que hacer contra los poderosos argumentos de Birdman, que, en la cinta, representa el cine comercial. La propia película se disfraza pomposamente (desde lo técnico hasta lo dramático) para vestir un discurso tan vacío como sus propios protagonistas, cuyas preocupaciones resultan triviales en el mundo real en el que vive todo hijo de vecino.

No sé qué piensa Iñárritu de los superhéroes, pero, si realmente esto que expongo es lo que el director pretendía, para mí Birdman es un diez; un ejercicio de metacine brillante y rocambolesco, a la vez que desconcertante. Pero si lo que buscaba era lo contrario, la peli es un mojón, porque entonces no reflexiona sobre nada, ni propone ningún juego, ni explica nada nuevo. Caramelo o mojón, viene envuelto en un papel de lujo, eso sí.


8 feb. 2015

Freakylive! #23


Una nueva cita con David G. González y Toni Benages Gallard y sus particulares reseñas de cómic. Coincidiendo, además, con el décimo aniversario de la aventura del Freaky.

LOBO: AUTOPISTA AL INFIERNO, Ian & Kiet (ECC)
Doctor Radar, Asesino de sabios de Simsolo i Bezián
TRAVELING, Ken Niimura (Norma)
O'BOYS, Thirault, Colman & Cuzor (Norma)
SARA LONE, Arnoux & Morancho (Norma)
NOWHERE MWN, Stamphenson, Bellegrade, Bellaire & Fonografiks (Norma)
LA MUERTE DE LOBEZNO, Soule, McNiven , Leinsten & Ponsor (Panini)
EL ORO Y LA SANGRE, Bedouel Merwan & Defrance Nury (Spaceman Books)
DOOP: EL NUEVO DOOP, Milligan, Lafuente & Allred (Panini)
CÍCLOPE, ENTRE ESTRELLAS, Rucka, Dauterman & Carnero (Panini)
TRILLIUM, Lemiere & Villarrubia (ECC)
SIETE SOLDADOS DE LA VICTORIA, Morrison y otros (ECC)
SERIE B, Andrés G. Leiva (Dibbuks)
OPUS, Satoshi Kon (Planeta DeAgostini)
LA MONDAINE, Zidrou & Jordi Lafebre (Norma)
CASUALMENTE, Fumio Obata (Spaceman Books)

1 feb. 2015

NIGHTCRAWLER

Nightcrawler (Dan Gilroy, 2014) llega a las pantallas precedida de galardones y nominaciones, y, sí, tengo que decir que aquí estamos todos de acuerdo: para mí, es la película del momento. Ni Interstellar (Christopher Nollan, 2014), ni Birdman (Alejandro González Iñárritu, 2014): el debut cinematográfico de Dan Gilroy es tan imponente como el Taxi Driver de Scorsese (1976) o el Club de la Lucha de David Fincher (1999).

Nightcrawler reflexiona sobre varias cosas. O quizás no reflexione y solo las exponga en su crudeza. Es un retrato de una sociedad saciada (la actual), de un negocio pervertido (el del periodismo) y de una ciudad muerta (Los Ángeles). Pero, aún más, y ahí está el hecho diferencial: Gilroy, con la ayuda de una espléndido Jake Gyllenhaal, hace un retrato visceral, pervertido y exagerado de la figura del emprendedor, tan en boga últimamente, y tan perversa.

Nightcrawler es, también, una película, en mayúsculas. Una buena muestra de cine a medio camino entre el independiente americano y las producciones de los grandes estudios. Tiene algo de Drive (Nicolas Winding Refn, 2011), pero también algo de blockbuster. El resultado es un ritmo ininterrumpido que crece y crece hasta un clímax frenético que te mantiene agarrado a la butaca. Todo un pulso.

Gyllenhaal interpreta a un tipo inteligente y algo sociópata en busca de una luz que guíe su vida, una aspiración mayor, una forma de realizarse. Accidentalmente, descubre el mundo de los videoreporteros nocturnos: carroñeros en busca de accidentes, robos, tiroteos y violaciones. Cuánta más sangre mejor, cuántos más muertos mejor y cuanto más cerca suceda de cualquier hijo de vecino, mejor. Porque, ya se sabe, lo que vende en la tele es el miedo.

Nightcrawler hace un retrato sucio y retorcido del mundo del periodismo. Pero eso no es nada nuevo. También retrata a los reporteros como personas ruines y solitarias, muy en la línea de lo que hizo Howard Franklin en El Ojo Público (1992). Así que eso tampoco es nuevo. El fresco nocturno de Los Ángeles es precioso. Pero eso ya lo hizo con Nueva Yok Scorsese en Al límite (1999). Lo verdaderamente intrigante de esta película es su personaje principal, que, en el fondo, no es más que un nuevo empresario, un joven abriéndose camino en el despiadado mundo de la televisión. Sí, bueno, el chico está un poco tocado. Pero, en el fondo, habla con coherencia desde un punto de vista empresarial. En el fondo, hemos visto cosas muy parecidas en la vida real últimamente.

En este sentido, Gyllenhaal brilla como nadie en esta película. Parece como si todo lo que le salió mal en Zodiac (David Fincher, 2007) y Prisioneros (Denis Villenueve, 2013) le haya salido bien aquí. Incluso como si todo lo mal que lo hizo Javier Bardem en No es país para viejos (Ethan Coen, 2007) lo hiciera bien Gyllenhaal aquí.

El resultado es el Taxi Driver de nuestro tiempo, como se ha dicho mucho. Pero un poco al revés, o totalmente. O quizás solo disfuncionalmente. Porque aquí el protagonista no hace justicia, ni venga nada. Solo se reivindica a sí mismo y su derecho a realizarse, a cumplir con el sueño americano.

Nightcrawler es el debut más prometedor que recuerdo desde hace tanto tiempo que no recuerdo desde cuando. Es un alarde de savoir-faire. Es el retrato de una generación. Y quema.