27 abr. 2014

Todas putas

En el año 2003 Hernán Migoya publicó Todas Putas con Ediciones El Cobre, un libro de relatos maldito que levantó la ira de la clase política y hizo saltar las alarmas de una corrección muy en boga por aquel entonces y que, precisamente, vino a llamarse corrección política. Eran otros tiempos, sin duda. El feminismo impostado, la izquierda de pandereta y la moral más rancia mostraron sus dientes y sacaron brillo a sus armas: las tijeras de la censura. A través de los medios de comunicación se pidió la cabeza de la directora del Instituto de la Mujer y responsable de Ediciones El Cobre, Míriam Tey, y del ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Eduardo Zaplana. También la de Migoya, o quizás sus testículos más que su cabeza. Se escribieron artículos sesgados y tendenciosos bajo titulares como “La directora del Instituto de la Mujer edita un libro que es una apología de la violación”. Y se convirtió en una cosa política.

El violador, el relato que desató la polémica, es, precisamente, aquel que mejor pone de manifiesto la estupidez de quienes demonizaron este libro. También, otra prueba de que este país tiene un problema con la comprensión lectora. Se trata del monólogo de un violador que le habla al lector y justifica sus acciones. No hay arrepentimiento en sus palabras y casi tampoco sentido del mal. Es sólo al final cuando el autor le da una bofetada en toda la cara al lector, sobre todo al lector masculino, y le dice: “Eh, estoy hablando contigo, y esto, de alguna manera, también va de ti”. Hay quien lo entendió al revés, o no quiso entenderlo, o, mucho peor aún, lo entendió, vio que Migoya tenía razón y pensó: “esto no puede salir a la luz”.

Ahora Dibuuks edita la adaptación al cómic de la obra de Migoya, ilustrado, no sin cierta sorna, por quince autoras que de alguna forma respaldan la visión que el autor tiene de la mujer. De Migoya se ha dicho, entre muchas otras cosas, que es un misógino. De hecho, seguramente lo haya dicho él mismo en alguna entrevista. Yo en este libro, y ahora en este cómic, no veo nada de misoginia, no al menos por su parte. Lo que veo son mujeres reales, de hoy, cuyos sueños no pasan por hacerle la comida al marido y limpiar la casa. Por eso estas autoras, jóvenes o muy jóvenes todas ellas, vienen a decir lo que tienen que decir al respecto, y lo hacen en viñetas.

Sobre el cómic, Todas Putas tiene una calidad asombrosa y uno diría que casi inesperada. Es cierto que, como toda obra colectiva, tiene altibajos. En cuanto a las historias, algunas son directas y contundentes (como El violador). Otras son más de sensaciones que de reflexiones, y van directas al estómago (como Porno del bueno). Pero otras, centradas quizás en lo superfluo, pierden fuerza respecta las anteriores. En cuanto al dibujo, algunos estilos casan mejor que otros con los textos de Migoya, aunque se reconoce cierto esfuerzo para asignar a cada autora la historia que mejor podría funcionar con su trazo. Y a pesar de eso, en conjunto, me atrevería a decir que esta es la recopilación de historietas con más calidad artística vista en mucho tiempo en este país. En este sentido, también funciona como un catálogo de esta “nueva” hornada de autoras que están haciendo cosas tan potentes como dispares.

La adaptación al cómic de Todas Putas es desde ya una obra imprescindible, completa y compleja, con lecturas a varios niveles y llena de implicaciones morales, sociales y, porqué no, políticas. Una visión de la mujer, el hombre y la sociedad actual que en su momento hirió las sensibilidades del statu quo, ese monstruo reaccionario que cree tener la potestad para decidir sobre todos nosotros. Hoy, más de diez años después, quizás este cómic no levante tanto revuelo como en su día lo hizo el libro. En el mejor de los casos, porque las cosas han cambiado. En el peor, porque se trata “simplemente” de un tebeo.

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