17 ago. 2013

FreakyLive! #11


PASEO ASTRAL, Max (La Cúpula)
BRIGADA, Enrique Fernández (Enrique Fernández)
EL ALIENTO DEL WENDIGO, Mathieu Missoffeni y Charlie Adlard (Norma)
TODO Y NADA, Sammy Harkham (Fulgencio Pimentel).
CRIMINAL, Ed Brubaker y Sean Phillips (Panini)
DESTRUCTO, Robert Kirkman y Cory Walker (Panini)
THE MASSIVE, Brian Wood, Kristian Donaldson, Garry Brown y Dave Stewart (Panini)
CRIME, Kirby y Simon (Diábolo)
MARCINELLE 1956, Sergio Salma (Diábolo)
SEXO MAJARA, Robert Crumb (KissComix/La Cúpula)
EL ÚLTIMO MORTAL, John Mahoney, Filip Sablik y Thomas Nachik (Norma)
NEXT MEN, John Byrne (Norma)
I AM A HERO, de Kengo Hanazawa (Norma)
BLUE STATE, de Osborne, Kalvachev, Fox y otros (Dibbuks)
PIGEONS FROM HELL, de Landsdale, Fox y Stewart (Dibbuks)

15 ago. 2013

TODO Y NADA

Vaya por delante que Todo y Nada (Fulgencio Pimentel, 2013), de Sammy Harkham, es de lo más raro que ha caído en mis manos últimamente. Y han caído cosas raras, y a la vez fantásticas, como El Hombre que se dejó crecer la barba. Algo de eso hay en este Todo y Nada, y también un poco de Kevin Huizenga, e incluso de Lewis Trondheim. Pero basta de referencias.

Vaya también por delante que Todo y Nada es un acto de esnobismo, aunque no necesariamente por parte de su autor. Da la impresión de que Harkham simplemente hace lo que le da la gana, dibuja y escribe lo que le apetece y como le apetece, e incluso que disfruta imaginando la reacción del lector al leer sus historias. Quizás el esnobismo radica en el hecho de publicarlo. De leerlo y recomendarlo. De considerarlo el mejor cómic del año (Los Angeles Times). Y al mismo tiempo, publicarlo, leerlo y recomendarlo no deja de ser un acto poético, o de fe.

Dicho esto, muchos de los que estáis leyendo esta reseña podéis dejar de leer. Podéis huir espantados. Sí, Todo y Nada no es para todos los públicos. De hecho, creo que sólo puede tener dos tipos de público. Por un lado, el lector que comulga con el imaginario de Harkham, el que visita en sueños lugares parecidos, aquel que leyendo este cómic no pueda evitar cerrar el libro y pensar “¡Qué daño y qué hijo de puta!”. Y por otro lado está el lector esnob, que hay mucho.

Harkham (USA, 1980) no ha salido de la nada. Es quizás el menos popular de los estandartes del cómic contemporáneo norteamericano. Es también editor. Ha ganado un Ignatz y Todo y Nada, que recoge casi todas sus historias cortas, se llevó el Los Angeles Times Book Prize en 2012.

El cómic que publica aquí Fulgencio Pimentel es todo lo que es Sammy Harkham, un compendio de sus obsesiones, de su estilo y de lo que significa para él el cómic. En conjunto, no se me ocurre qué otra cosa puede significar Todo y Nada: es un alegato.

Entrando al detalle, y en lo que se refiere puramente a las historias, Todo y Nada es un cómic desencantado, una visión de la vida pesimista que mezcla a partes iguales drama y humor (sobre todo negro, pero también absurdo). Dejando a parte las páginas dedicadas al mundo del cómic y los amiguetes de Harkham (que, a mi entender, desentonan y son las más flojas), encontramos un punto en común en todas las historias de Todo y Nada: el final es siempre un anticlímax. Parece que no acaban dónde deberían acabar o que aún hay algo más que el autor no nos quiere explicar o, incluso más, acaba y pensamos: “Espera, ¿pero esto iba de esto?”. Si Harkham fuera director de cine, no habría ningún productor que no metiera mano a sus finales.

Harkham juega al slice of life, pero no al estilo francés, ni con el mismo objetivo (si es que hay algún objetivo). Sus trabajos son historias que no van a ningún sitio, que en realidad no concluyen o que acaban dónde comenzaron. Por el camino, no obstante, la gente cambia, se transforma, se queda igual o se afianza, o quizás se revela como algo que no parecían. ¿Sobre qué trata Todo y Nada, pues? Pues va de la gente, y de la vida, que es una mierda. Como dice el título, exquisitamente traducido al castellano, de todo y de nada.

Sólo por esto, y aunque quizás no lo parezca o no me haya conseguido expresar bien, Todo y Nada es una lectura imprescindible; sólo recomendable, eso sí, para lectores con amplitud de miras. Aquí no vale eso de “No se entiende” o “¿De qué va esto?”. Esto es como una peli de Lynch, aunque en realidad no tiene nada que ver: se disfruta y punto.

Pero además de todo esto, Harkham demuestra una habilidad narrativa sorprendente en historias como Pobre Marinero, en la que no le hace falta mucho diálogo para explicar toda una odisea marina. Demuestra también su capacidad como narrador en historias de una sola página o, más aún, en viñetas únicas que son como un microrrelato, que explican una gran historia enfocando sólo un momento concreto.

El autor, además, domina varios géneros, y va del drama clásico a el relato moderno pasando por páginas de inacabables diálogos tarantinianos. Pero siempre es fiel a su estilo, nunca se traiciona. Al final, el mundo en el que transcurren sus historias siempre es el mismo. Y se parece mucho al nuestro.