31 may. 2012

LA OLA PERFECTA


Algunas viejas glorias del cómic que habían estado apartadas del noveno arte comienzan a volver a la palestra. Es el caso de Montesol (“Speak Low”, Sins Entido, 2012) o el prolífico Ramón de España. Este escritor, guionista e incluso director de cine es el responsable de algunas piezas angulares del cómic nacional, como “La noche de siempre” (1981), precisamente con dibujo de Montesol, o “Velvet Nights” (1984), publicado en la revista “Cairo” y con dibujo de Sento. De España vuelve a la carga, y nunca mejor dicho, con "La ola perfecta" (EDT, 2012). No, no es un cómic de surfistas.

Quizás estos autores vuelven ahora gracias al buen momento (o momento menos malo) que está viviendo el cómic en nuestro país, ya sea por interés propio o por interés editorial. El caso es que de España vuelve, y lo hace con ese toque ochentero y quinqui que le popularizó y que le emparenta con creadores de casta como el cineasta Enrique Urbizu. Algo de “Todo por la pasta” e incluso de “No habrá paz para los malvados” hay en este retorno. Se trata, principalmente, de esa voluntad de aferrar la historia a la realidad, a las cosas y a los lugares. Es por eso que en este cómic Barcelona es Barcelona y Bilbao es Bilbao, y por eso el tebeo comienza con una redada en Razzmatazz y no en cualquier discoteca anónima.

Pero esta verosimilitud, o este realismo más bien, no es simplemente decorativo. Los personajes tienen ese hablar de la calle y los temas son temas calientes. Y es que, aunque parece haber una cortina de humo sobre el tema principal de este cómic, queda bastante claro que el tema es ETA. Sí, hay una historia de amor, incluso de acción, y se habla de dolor y de pérdida. Pero la portada no deja lugar a dudas: un ciudadano a cara descubierta apunta a la nuca de un encapuchado atado a una silla. Ese es el tema y hasta aquí quiero leer.

La ola perfecta” no es un cómic perfecto. Parece que de España se ha quedado un poco anclado en los 80, por forma y fondo. Pero en este aspecto demodé está un poco el encanto del proyecto. Primero porque de España se mantiene fiel a su estilo y evita adaptarse a nuevos tiempos o, lo que sería peor, a nuevas modas. Segundo porque, leyendo este cómic, uno experimenta la encantadora sensación de tener un producto pulp entre las manos: algo refrescante y directo, sin florituras ni cortapisas. Incluso la narrativa de Sagar, uno de los dibujantes de la nueva ola barcelonesa, resulta algo amateur, en el mejor sentido de la palabra, y su trazo funciona mejor viñeta a viñeta que no como parte de algo secuencial. Las imágenes se disfrutan a pelo, con intensidad, como la historia. Parece escrita y dibujada con las tripas.

30 may. 2012

EL AÑO DE LOS 4 EMPERADORES

Cuando uno habla de normalización en el mundo del cómic piensa en ver cómics en las bibliotecas, reseñas de tebeos en los medios de comunicación generalistas y un volumen más o menos aceptable de novelas gráficas de autores nacionales en las librerías. Piensa en gente como David Rubín, Paco Roca o Miguel Gallardo. No obstante, yo creo que la normalización no es del todo eso; que estamos a un paso, pero aún no hemos llegado. Lo que hay me suena demasiado, por un lado, a proteccionismo, un poco como lo que pasa en el mundillo del cine. Y no me refiero a que se esté repartiendo dinero de manera más o menos interesada; me refiero simplemente a un tufillo normativista o quizás conservador. Por otro lado, y tal vez aquí está la la clave, las editoriales están arriesgando poco, aferrándose a cualquier cosa que pueda ser etiquetada como novela gráfica y pueda ser expuesta en Fnac como lectura recomendada. Todo esto, pienso, no nos devolverá a la edad dorada del cómic nacional.

Creo que no alcanzaremos la normalización hasta que podamos decir que en nuestro mercado (y digo mercado) haya no sólo Spielbergs y Austers del cómic, sino también Tarantinos y Vonneguts. No quiero decir que nos tengamos que poner a imitar, y que ahora toque ponerse a escribir historias del Bronx. Eso no ha funcionado. Quiero decir que tienen que empezar a destacar autores de género, de manera natural. Haberlos, los hay. Sólo entonces habrá normalización: cuando un fan de la ciencia ficción, o del terror, o del género negro pueda tener un autor de cómic favorito. Cuando, además, un fan tenga como autor de cabecera a un respetuoso amante de los cánones y otro a un transgresor iconoclasta. Habrá normalización cuando haya juego para todos, cuando se cubran todas las necesidades. Y todo lo demás: cómics en las bibliotecas, reseñas de tebeos en los medios de comunicación generalistas y un volumen más o menos aceptable de novelas gráficas de autores nacionales en las librerías.

¿Y porqué todo esto? Por “El año de los 4 emperadores” (Diábolo Ediciones, 2012), que, salvando todas las distancias y evitando cualquier comparación, es lo más Vonnegut que he leído nunca, con permiso de Dario Adanti y su “El terror dentro” (Dolmen, 2006).

Marcos Prior, el autor, ya destacó hace poco con el fantástico y excitante cómic “Fagocitosis” (Glénat, 2011), un trabajo que ya trazaba la línea que el autor parece dispuesto a seguir, aunque no deja de parecer arriesgada, comercialmente hablando.

Cuando una coge, literalmente, “El año de los 4 emperadores”, ve que no se trata de un cómic normal. El formato y la loca portada (¡esas líneas, esos colores!) nos lo advierten. Y al abrir el cómic, ahí está la prueba: diferentes estilos de dibujo, fotos, viñetas, manuales de autoayuda, perfiles de facebook... Un batiburrillo de formas y estilos que parece que no vayan a tener sentido. Y vale, reconozcámoslo, leer este cómic no es sencillo. No hay una solución clara al final y uno casi diría que la idea de conjunto amenaza con desmoronarse en ciertos momentos. Pero eso, debería el gran público aceptarlo ya, no es un defecto, sino una opción.

“El año de los 4 emperadores” explica el caso de un tipo que mola mogollón y que está destinado a dirigir el mundo. Un mundo ficticio pero bastante parecido y cercano al nuestro, con sus conglomerados empresariales, sus redes sociales y su opio del pueblo. En este mundo perfecto, como no, hay disidentes. Algunos trabajan a jornada completa como teleoperadores y planean acabar con el orden establecido.

Prior cuenta esta historia de manera fragmentada, a veces como un cómic tradicional, a veces como un falso documental, e incluso introduciendo algunos fragmentos de diferentes guías y cuestionarios que quizás no explican nada sobre la historia pero sí definen el mensaje global.

El único defecto de “El año de los 4 emperadores” es su halo de modernez, que repelerá a más de un lector. Por lo demás, sólo le veo virtudes, y creo que consolida a Marcos Prior como uno de estos autores llamados a normalizar la situación del cómic nacional, aunque él no se lo haya propuesto. Este es un cómic crítico, como lo era “Fagocitosis”, que experimenta con las narrativas. Aúna fondo y forma para poner el dedo en la galla, para poner el foco en algunos elementos clave en el desarrollo de una sociedad no tan lejana ni tan diferente a la nuestra. Prior se interesa por un futuro tan cercano que en sus delirios de ficción se entrevé claramente una análisis con pretensiones ensayísticas.

Aquí, como en un libro de Vonnegut, como en toda la buena ciencia ficción, hay un mensaje sobre lo que está pasando. Y, lejos de iluminados que pretenden indicarnos el camino con best-sellers de título grandilocuente, ya sabemos que la ciencia ficción ha dado muchas veces en el clavo.

29 may. 2012

LOCKE AND KEY, JUEGOS MENTALES



Panini continua publicant una de les millors col·leccions de misteri del moment: "Locke and Key", de Joe Hill i Gabriel Rodríguez.

28 may. 2012

ZOMBIES, LA DIVINA COMEDIA


Planeta DeAgostini comença la publicació de "Zombies, la Divina Comedia", de Olivier Peru, Sophian Cholet i Simon Champelovier. Una col·lecció que s'apunta a la moda dels zombies popularitzada per "Los Muertos Viventes" però amb una aire de còmic francès.

22 may. 2012

ENTRETELAS

Harto de cómic social y de autores (nacionales) con una “sensibilidad única” para explicar las “vicisitudes del día a día”, tengo que reconocer que no comencé la lectura de “Entretelas” (La Cúpula, 2012) con mucho entusiasmo. Y no será la primera vez que oigo que estoy cargado de prejuicios. Pero el caso es que fue el nombre de Rubén del Rincón en la portada lo que me llevó a dar el primer paso: abrir el cómic. Tuve la oportunidad de hablar con él a raíz de la entrevista que realizamos para el ya extinto programa de televisión “This is Not Another Freaky TV Show” en motivo de la desaparición de la también extinta revista “Kiss Comix” (ver el reportaje aquí). Pensé entonces que Rubén tenía algo que contar, y no me equivocaba.

De todas formas, del Rincón no es un novato en esto del cómic. Fue el dibujante de “La salida de la clase”, con guión de Hernán Migoya, y actualmente trabaja con Jean-David Morvan en “Los tres mosqueteros”. Dicen que “Entretelas” es “su primer trabajo realista”, y aunque eso suena fatal, no se dejen engañar. Este cómic no es parte de esa montaña de morralla que se ha publicado (y vendido) sacando a relucir la etiqueta de “novela gráfica”, que parece abocada a justificar cualquier bodrio insubstancial siempre que tenga una pátina de realidad, o costumbrismo, o slice of life.

“Entretelas” es una obra redonda, en todos los sentidos. Las historia comienza donde tiene que comenzar y acaba donde debe acabar. No se entretiene, y mantiene el ritmo durante sus poco más de cien páginas. Ahora te cuenta esto y ahora esto otro, con una estructura aparente y deliciosamente cronológica.

Es redonda, además, porque se publica en el momento adecuado. Habla de una crisis, pero no de la actual: de una que ya pasó. Habla de fábricas que cerraron y familias que se quedaron en la calle; pero no ahora, sino hace años. Habla de ladrones de cobre, de ayudas para los parados, de buscarse la vida. Ahora y antes. Y además habla, claro, del padre de Rubén, de su madre, de él mismo y de su hermano, que es el responsable de los colores de “Entretelas”.

Y el dibujo no sólo es genial (los años en “Kiss Comix” se dejan notar en la ligereza del trazo), también la narración: nada chirría, nada está fuera de lugar, nada desencaja. Cada viñeta nos lleva sutilmente a la siguiente y de igual modo viene de la anterior.

Cualquiera puede pensar que no le interesa la historia de otra fábrica que cierra. Allá él. Pero no estoy hablando de eso. Estoy hablando de cómo se tiene que hacer un cómic. No se deje llevar por nombres altisonantes, y si alguien le pregunta “¿un buen cómic?”, diga “Entretelas, de Rubén del Rincón”. Dígalo con seguridad. Se lo dice un lector al que no le gusta el cómic social.

15 may. 2012

ADÈLE BLANC-SEC #3

Norma Editorial conclou la col·lecció d'Adèle Blanc-Sec amb aquest tercer volum que inclou algunes històries paral·leles però imprescindibles.

11 may. 2012

UN LARGO SILENCIO


Quince años después de su publicación original, Astiberri edita una revisión ampliada de “Un largo silencio”, de Francisco y Miguel Gallardo. Uno puede pensar “¿porqué?”, claro, pero también puede pensar “claro que sí”. Y es que parece que el tiempo no pasa para una historia que unos se empeñan en enterrar y otros en desenterrar, y que se llama Guerra Civil Española.

Un largo silencio” no es un cómic (o una novela, no sé) sobre la Guerra Civil. Es un libro sobre un hombre, Francisco Gallardo, y sus primeros 31 años de vida, hasta 1940. Sí, la Guerra Civil le pilló por medio, y luchó en ella, en “el bando de los que nunca han tenido ni tenían nada”. Pero ni siquiera en los pasajes en los que Francisco coge un fusil y cruza el campo de batalla la guerra es la protagonista. Esta es una historia de supervivencia, de supervivencia de verdad (de familias hacinadas en pequeñas habitaciones, de tráfico de influencias, de trabajo y de muerte...) y no de supervivencia en la selva comiendo bichos viscosos. Esta obra no es un entretenimiento, es historia, de esa que a la que catalogan “en minúsculas”, aunque, en realidad, fue la historia de la gran mayoría de españoles, la historia que ha marcado un país y que ha definido una identidad. La historia “en mayúsculas”, la de una batalla ganada aquí y otra ganada allá, en realidad es una cortina de humo. A Francisco parece no interesarle mucho ese juego de Stratego, y, así, en “Un largo silencio” lo que se ha callado durante mucho tiempo es el trabajo duro, los favores debidos, el hambre... Y al final sí, hay dos bandos, pero no tanto el de los nacionales y el de los republicanos como el de los ricos y los pobres. Porque en el campo de batalla, en realidad, todos eran carne de cañón.

La narración de Francisco es directa, sencilla, cronológica. Sin duda, parece sincera, porque el lector tiene la sensación de que no le están intentando convencer de nada. Y además piensa “sí, me suena de algo; esto se lo he oído a alguien de mi familia”. El autor se desnuda y uno se pregunta el porqué de ese largo silencio. El silencio fue parte de la vida de muchos españoles durante la guerra y después durante la dictadura. Silencio para sobrevivir, para, como dice Miguel, “enamorarse de mi madre, para que mi hermano y yo estemos aquí, sobrevivir para hacer amigos, para leer, para reír”. Pero supongo que hay algo de vergüenza, de humildad o de respeto por los muertos, por los que lo pasaron peor, por los que no tuvieran acceso a ese chusco o a esa carta de recomendación que les podía haber salvado la vida.

Seguramente los últimos éxitos de Miguel Gallardo ponen de nuevo este cómic en la palestra, pero no se dejen engañar (de hecho, nadie lo intenta: el nombre del padre va por delante del del hijo en la portada): esto es un cuaderno de memorias. Sí, hay bocetos de Miguel, y algunas páginas de cómic muy intensas. Y aunque uno puede pensar que el lector de cómics va a leer en diagonal la prosa para llegar antes a la viñetas, el relato de Francisco al final lo absorbe todo, y sólo interesa qué pasa y casi no importa cómo se nos explican lo que pasa. Y esto lo digo como una virtud, y no como un defecto.

“Un largo silencio” es más un homenaje personal, de Miguel a su padre, que cualquier otra cosa. Realmente no explica, en general, nada que no sepamos, nada que no se haya contado ya u oído durante una reunión familiar. Incluso no creo ni tan sólo que esta reedición tenga por objeto dar a conocer una parte de nuestra historia a un público joven (no parece el formato adecuado). Puestos a buscar justificaciones comerciales, sí parece un libro pensado, pese a sus quince años, para este nuevo lector de novela gráfica, por forma y contenido. Parece, también, destinado a remover algunas conciencias, recordar a algunas personas, y, sobre todo: no olvidar.

10 may. 2012

LUCIFER


ECC, después de finalizar la edición definitiva de “The Sandman”, recupera algunas de sus series colaterales, ya sea directa o indirectamente, como “Lucifer” o “Fábulas”. De todo el universo paralelo de la obra de “The Sandman” (“Muerte”, “The Dreaming”, etc...), yo me quedo con “Lucifer”; con la serie, no con el personaje (que también).

Aunque creció a la estela del trabajo de Gaiman, y pese al lastre del título de la cabecera (un poco como ser hijo de un cantante famoso), el guión de Mike Carey hace gala de un respeto casi de fan por el estilo Gaiman, además de mostrarse tan habilidoso como el (otro) inglés para manejar diferentes mitologías. Eso sí, y quizás porque Gaiman ya había explorado el terreno, “Lucifer” es una obra más redonda, tanto desde el punto de vista de su proyección como serie como de la calidad de su dibujo (en el año 2000 el sello Vertigo ya no era terreno para novatos, ni mucho menos).

Carey, procedente de 2000 AD, era prácticamente un desconocido en el que tanto la editorial como el propio Gaiman confiaron. Aunque muchos guionistas se mostraron antes reticentes a llevar una serie con el nombre del señor del infierno, Carey vio todas las posibilidades que encerraba la creación de Gaiman. No solamente era terriblemente seductora la figura de un Lucifer retirado, harto, propietario un piano-bar en Los Ángeles. Además Carey supo ver el inmenso material no sólo bíblico que se la ponía al alcance.

Y todo esto se ve en este primer número recopilatorio de ECC, en el que Lucifer vuelve a su infierno, visita otro y se encuentra con demonios anteriores a la creación del mundo. Por el camino, además, hace unas cosas muy Sandman, o muy Gaiman, según se mire. Por ejemplo, se aleja de su misión principal para visitar a una niña, en un viaje que sólo cobrará sentido varios números después. Vale, eso ya se había visto antes, lo sé: “Lucifer” no destaca por su originalidad. Todo lo contrario, destaca por su solidez, por dar a los fans de Gaiman que lloraron el fin de “The Sandman” más de lo mismo, en forma y contenido. “Lucifer” consigue (consiguió) prolongar las sensaciones producidas por la historia de Morfeo. Sin ser lo mismo, sin Los Eternos, sin ese halo romántico seduceadolescentes del protagonista, y, claro, sin Muerte. Pero con la misma prosa y con la misma estética. Y, evidentemente, sobre el mismo universo de ficción.

“Lucifer” tiene más similitudes con “The Sandman”, incluso a nivel argumental. Las dos series arrancan con un protagonista que ha abandonado/al que le han robado su reino. A partir de ahí, inician un camino, ambos con consecuencias épicas.

Si uno consigue leer Lucifer sin prejuicios (sin pensar en “The Sandman” y sin ser muy duro con ese estilo tan demodé marca de la casa Gaiman), disfrutará de una historia grande, de un protagonista seductor y de un universo basto, lleno de simbolismo y de referencias mitológicas. Los diálogos, la pose, los gestos, son dignos del mejor Alain Delon; los secundarios son de oro y las sentencias del narrador, lapidarias. Todo muy del fin del mundo.

Supongo que dentro de unas décadas, la ola Sandman se observará con diferente perspectiva. Ya incluso ahora a veces uno piensa que fue una anécdota, una moda, aunque durante casi diez años fue de los más importante que pasó en el mundo del cómic. O eso pensábamos sus fans.

La huella de "The Sandman" es imborrable. Y "Lucifer", su mejor hijo. Vale la pena tenerlo en nuestra biblioteca de clásicos.

8 may. 2012

AVENTURAS DE UN PRESENTADOR EN EL SALÓN DEL CÓMIC

Si se han preguntado dónde estaban los de @freakyonlie durante el Salón del Cómic de Barcelona, pues no estábamos de parranda, no, estábamos un poco liados:

Y es que, sí, este año he tenido el honor de ser el presentador del 30 Salón Internacional del Cómic de Barcelona. Pero no pretendo aquí hacer gala de mis discutibles habilidades como comunicador, sino más bien exponer mi particular contracrónica del Salón.

Para algunos (unos pocos, en realidad; pero bueno, ¿cuánta gente había en la última cena?) el Salón empezó el miércoles día 2. La Sargantana y nosotros mismos organizamos el 1r Sopar de Còmic, en el que contamos con las privilegiada presencia de Sergio Colomino, guionista de “Sherlock Holmes y la conspiración de Barcelona”. Sin duda, uno de los éxitos de este Salón, con una tirada más que impresionante para el mercado nacional y una segunda edición ya prevista. Colomino no sólo es un experto en Holmes sino que, además, le encanta hablar de Holmes. Así que tanto los asistentes como el propio guionista nos los pasamos de maravilla. Yo personalmente, que nunca he experimentado un interés especial por el detective, quedé seducido no sólo por la obra de Arthur Conan Doyle sino también por toda la subcultura que envuelve sus relatos. No dejéis de pasaros por el Círculo Holmes, del cual Colomino forma parte.

Flasback: A la cena llegué un poco tarde, pero no mucho. Unos minutos antes estaba en Barcelona, en la Fira, mientras la organización ultimaba los detalles para el Salón. Esta es la imagen del pabellón vacío y en silencio que capté con mi móvil:

DÍA 1
Vaya por delante que la noche del Sopar de Còmic cogí frío y me pasé los cuatro días del salón con un gripazo de campeonato. Afortunadamente, una alta concentración de medicamentos estrategicamente suministrada antes de cada presentación me permitió salvar la papeleta.

Llegué el jueves a mediodía. El jueves es siempre, sin duda, el día favorito para los verdaderos fans del cómic, si es que hay un “verdadero fan del cómic”. Suele ser el día con menos afluencia de público, y eso permite ojear tranquilamente en todos los expositores, rebuscar entre el género y disfrutar de las exposiciones con calma.

El primer grupo musical que tuve el placer de presentar en el escenario del Salón fue Verdcel, una formación mitad de Barcelona mitad de Alcoy que ya han publicado cuatro cómic-discos. En este Salón presentaban “Els dies del Saurí”, un proyecto creativo en el que cómic y música no simplemente se yuxtaponen, sino que forman un sólo conjunto.

La cola de fans que tomaba posición en el escenario del pabellón 8 de la Fira de Barcelona, claro, no era para ellos, sino para Teràpia de Shock, el joven grupo de La Garrotxa que se ha puesto en primera línea del panorama musical catalán gracias a su tema “Sense tu”, que se ha podido oír en la banda sonora de la serie de TV3 “Polseres vermelles”. Pese a que uno pueda pensar a priori que juventud y éxito es garantía de endiosamiento, tengo que reconocer que los componentes de la banda me parecieron especialmente majos.

Entre concierto y concierto, eso sí, me encontré con el director de cine independiente James J. Wilson (no es un hecho extraño, suelo encontrármelo en los servicios del Salón). Iba liado, pim, pam, como siempre, con sus sesiones de dj y tal; pero tuvo unos minutos para explicarme que estaba ya rodando el segundo capítulo de su serie “Foqui” y otras cosa que es secreto así que no se puede decir.

Ojo a la explotation...
También les eché un vistazo a las exposiciones. Espectacular la de Windsor McCay (ese tipo era un genio). Muy refrescante la de Spiderman. Interesantes los dibujos de color de Go Nagai. Y un poco decepcionante la muestra de Moebius.

El jueves acabó con el espectáculo “El Vals del Gulag”, en el Teatro Zorrilla de Badalona. Un proyecto musical que pone banda sonora al cómic de Denis Lapière y Rubén Pellejero. Uno piensa, ahora en perspectiva, que quizás esta propuesta no se acabó de vender bien, ya no sólo entre el público especializado, sino entre el público en general. Más allá de la indiscutible calidad del espectáculo, creo que se tenía que haber hecho hincapié en el hecho diferencial de esta obra. Porque si bien es cierto que proyectos que aúnan música y cómic se ven muchos últimamente (en esta entrada se hace referencia a tres, por ejemplo), no es habitual asistir a un espectáculo en el que se lee (vive, diría uno) un cómic de manera colectiva. “El Vals del Gulag” no eran simplemente unas notas musicales con unas imágenes de fondo: era la lectura de un cómic, de manera interna y individual, pero en grupo, todos aunados bajo la misma banda sonora. Espectacular.

DÍA 2
El viernes me encontré con el ilustrador Joan Ignasi Alonso y Neus Campán, premio de la última Muestra de Relatos Cryptshow Festival. Joan, como buen coleccionista y amante de las rarezas, hizo hincapié en el cada vez más pequeño reducto que ocupa el material de segunda mano en el Salón, en beneficio del merchandising y los stands promocionales.

Algunos de los responsables de "La Cripta"
No eran los únicos amigos que corrían por ahí, porque el viernes fue la primera jornada de firmas del primer número de la revista de cómic de terror “La Cripta”. Durante el Salón pasaron por el expositor de Arkham Comics algunos de los autores de esta nueva publicación que rinde homenaje al género fantástico más clásico.

El único concierto del viernes fue el de Los Coronas, pioneros del surf instrumental en España. ¿Que qué es el surf instrumental? Pensad en la banda sonora de “Pulp Fiction”. Ellos, eso sí, le han dado un toque castizo con ritmos de pasodoble y una estética western muy llamativa. Después de una conversación que empezó con mal pié, me pidieron que mintiera todo lo posible en su presentación: que salieron del programa “Tú si que vales”, por ejemplo, y que habían tocado con la banda de David Bisbal. Así lo hice, pero no sé si hizo gracia, porque en ese momento la fiebre no me permitía captar mi entorno con claridad.

Me estaba guardando el chute definitivo de medicamentos para la gala de la entrega de premios, ese mismo viernes a las 21'30h en el Palau de Congresos de Barcelona. Fue una gala sencilla, breve, concisa, solmene y emotiva, principalmente por las ausencias de Moebius y Josep Maria Berenguer. Y creo que no me salió ningún gallo.
Foto: Ficomic
Los ganadores ya son vox populi, pero me gustaría apuntar dos cosas. Primero, reivindicar que “Arzak, el vigilante” (Norma, 2011) es una obra merecedora de cualquier premio por su innegable valor artístico y no sólo por la muerte de su autor, que tan tocado ha dejado al mundo del cómic. Segundo, la satisfacción por el premio a la mejor obra de un autor nacional publicada en 2011, para el espléndido y divertidísimo cómic “Aventuras de un oficinista japonés” (Bang, 2011), de José Domingo. Creo que no sólo es un premio merecido en sí mismo, sino que además hace justicia a toda una tradición que bebe del tebeo humorístico nacional, sobre todo del de los ochenta. Era un premio muy deseado, en parte por todo esto, y eso se hizo notar en el estallido de alegría en la sala, quizás incluso más escandaloso que el del premio al mejor fanzine, que suele ser el que viene acompañado de una claque mayor.

Precisamente, los amigos de Mamut Comics presentaban su nueva colección Golden Age, dedicada a recuperar clásicos olvidados. Muy en la línea de ese humor ochentero tan Super López, Bang traía al Salón una recopilación de “La gorda de las galaxias”: una aventuras completamente psicodélicas creadas por Nicolás para Bruguera y que de pequeño me tenían fascinado. Y pintadas a rotulador. Chapó.

DÍA 3
Foto: Ficomic
El tercer día hubo una sesión maratoniana en el escenario del Salón. Primero, miniconcierto de Avalanch, responsables de la banda sonora del proyecto “Malefic Time”, en el que también participan los ilustradores Luis y Rómulo Royo. A esta obra musical e ilustrada se le suma ahora una novela de Jesús Vilches que contribuye a hacer más grande este proyecto. Todos ellos, juntos a Óscar Valiente, editor de Norma, subieron al escenario antes del concierto para hablar del proyecto y dar las gracias por la buena acogida que ha tenido por parte de los fans, tanto de la banda como de los Royo, que no son pocos.

Después de un concierto breve pero intenso de RFTR, “el único grupo metal de un sólo miembro”, me di una vuelta por el Salón y le eché un ojo a la serie completa de “The Sandman”, en su edición recopilatoria de Norma, por menos de 90 euros. Dudé, y al final ahí se quedó.

Capullo está fuerte...
Después di unas vueltas por el entorno de la Fira, buscando un restaurante chino que recordaba de otros años y que, o ya no está, o recordaba mal. Así que me comí un bocadillo de longaniza, me leí un capitulo de “Lucifer” (ECC, 2012) a la sombra de un árbol y volví al escenario, dónde comenzaba el primer concurso de cosplay del Salón, dedicado a los robots. En algún momento le hice una foto a Greg Capullo, pero no recuerdo cuándo (¿os sabéis el chiste sobre Greg Capullo y Jaime Delano?).

La verdad es que, y podéis pensar que estoy cargado de prejuicios, nunca he visto con muy buenos ojos esto del cosplay. Y no soy el único, soy consciente. Una de las principales críticas que ha recibido el Salón del Cómic de Barcelona en los últimos años ha ido dirigida a esta apertura cada vez más patente hacia nuevos públicos, o, como mínimo, hacia públicos diferentes. Según Carles Santamaria, director del Salón, “nuestro objetivo es acercar el cómic al gran público y crear nuevos lectores de historietas”. Esto acaba pasando no sólo por dar más cancha a los nuevos lectores de manga y sus particulares aficiones (los cosplays, por ejemplo), sino también por dar cabida a otros campos, como el de los videojuegos, además de, y esto es ley de mercado, ceder espacio a los stands promocionales. Todo esto, creo yo, al lector de álbum europeo le parece mal, porque a él lo que le interesa es encontrar tal edición de tal cómic de tal autor. Al lector de comic-book le da un poco igual. Y al lector de manga ya le va bien, porque dos salones al año mejor que uno. Perdón por lo estereotiopado.

Jurado del cosplay de robots.  Ficomic
El resultado es una amalgama rica en matices, en la cual puedes encontrar cuarentones progres con un Moebius siempre en la mesita de noche y jovenzuelas desvergonzadas ataviadas como sus heroínas favoritas. En principio, uno pensaría que los primeros no tienen ni idea de quién es Kazue Kato y que las segundas no han leído nunca un cómic de Alan Davis. Pero no dejó de sorprenderme, el día del cosplay de superheroes, y eso es ya el:

DÍA 4
No dejó de sorprenderme, como decía, que algunos de los participantes en el cosplay de superheroes, todos ellos muy jóvenes, conocieran personajes de fuera dels mainstream superheroico. Esto es, por ejemplo, The Question o dos de las Spiderwoman. Además, sus trajes reproducían con todo lujo de detalles los diseños originales, no simplemente se les parecían. Ahí había respeto, pese a lo que pueda parecer.

Hablando de lo que pasó, tengo que reconocer que todo fue mucho más fluido el día de los superheroes que el de los robots. Quizás el sábado había menos participantes, menos gente, y en general, todo resultó un poco más aparatoso. Y ya puestos, mi veredicto: del cosplay de robots me quedo con el Mazinger Z y del de superheroes con la Capitana América y sus USO Girls.

Foto: Ficomic
Despedí solemnemente el Salón dando paso a Lax 'n' Busto (también muy majos y modestos), y recibí algunos aplausos, aunque creo que más por mi camiseta de Robin que por cualquier otra cosa.

Rematé el Salón tomándome un ibuprofeno con un puñado de gente maja.

Aún estoy recuperando el ritmo.


Vídeos cortesía de jasikedevicius

1 may. 2012

EL QUINTACOLUMNISTA

Un mundo en crisis, una sociedad pustulosa, un tiempo malo.
Aquí no hay héroes.
Aquí gobierna: El Quintacolumnista.

Puedes leer las aventuras de El Quintacolumnista aperiódicamente en:

LA CRIPTA, NUEVA REVISTA DE CÓMIC DE TERROR

Durante el próximo 30º Saló Internacional del Còmic de Barcelona (del 3 al 6 de mayo) se presenta el primer número de la nueva revista de cómics de terror "La Cripta".

Engendros mecánicos, detectives de lo paranormal, gatos muertos, caníbales, monstruos abisales, vampiros... Nueve historias surgidas de las pesadillas de un puñado de autores. Ilustradores, escritores y guionistas con una carrera dedicada al género. O aún peor: toda una vida.





Puntos de venta en Barcelona:

Aldarull
c/Martínez de la Rosa, 57

Antifaz
c/ gran de gràcia, 239

Arkham
c/ d'En Xuclà, 16

Contiuarà
Via Laietana, 29

Entenza Cómics
c/Entenza, 72

Freaks
c/ Ali Bei, 10

Kaburi
Passeig Sant Joan, 11

Monster Museum
c/ Camprodon, 22

Promarex
c/ Sepúlveda, 87

Rita’s Smile
c/ Lledó, 4

Sho bcn
c/ Travessera de gràcia, 163

Studio Còmics
c/Floridablanca, 130

Puntos de venta en Badalona:

Cyber Comics
Avinguda de Sant Ignasi de Loiola, 48

Friki Planet
c/ Sant Joaquim, 38

La Taberna del Alegre Señor Comadreja
c/ de Sant Joaquim, 34