23 ene. 2012

La prueba del clásico

Si yo digo que me gusta “Médico de Familia” (Guillermo Fernández Groizard, 1995), no que me gustaba, sino que me gusta, ahora y siempre, como un clásico, como “Los Siete Samuráis” (Akira Kuroswa, 1954), ustedes pensaran que soy un esnob,o peor: que me hago el esnob. Pero hagan una prueba: cojan a una persona normal, y con normal quiero decir corriente (que no sea un esnob ni se lo haga, ni tampoco lea a Nietzsche habitualmente), y prepárenle una sesión de “Médico de Familia”, la primera temporada, a ser posible. La idea, primero, generará rechazo. Después será tomada como una broma, y con humor será aceptada. Pero, poco a poco, el espectador se irá interesando por la trama, y querrá más (siempre suponiendo que no tenga nada mejor que hacer, pero doy por supuesto que la gente ve series porque no tiene nada mejor que hacer, en el mejor sentido de la idea). Hagan la misma prueba con “Los ladrones van a La Oficina” (Agustín Crespi, 1993). No funciona. Funciona con “El Príncipe de Bel-Air” (Andy y Susan Borowitz, 1990), pero no con “Waikiki” (Glen A. Larson, 1993). Funciona con “Campeones” (Hiroyoshi Mitsunobu, 1983) pero no funciona con “Supergol” (Akira Shigino, 1986). A esto lo llamo la prueba del clásico. No falla.

Imagen promocional de "Waikiki"

20 ene. 2012

Me gusta el lomo


Muchos habréis oído ya hablar de la lomografía. ¿Qué es? Es muy sencillo: es la fotografía realizada con unas cámaras analógicas de juguete que se popularizaron en los 70 y los 80 y que, en algunos casos, permitían trabajar con carretes profesionales, de 120mm.

 Mi Holga 120 CFN

Lo que no es tan sencillo es explicar la pasión que hay por este tipo de cámaras. Más allá del fanatismo (o la moda) por todo aquello analógico, estas cámaras producen una serie de defectos que son precisamente la clave de su encanto: viñeteado, saturación del color, desenfoque... Y sobre todo, no tienen píxeles. A los que os hagan daño a la vista las impresiones de fotografías digitales que parecen montajes baratos de Photoshop o de las pantallas planas que dicen que se ven mejor pero que en realidad no, no se ben bien, me entenderéis. No sé cómo explicarlo mejor.

Fotografía realizada con un carrete enrollado al revés (¡hay cientos de posibilidades!)

Para ver las maravillas de la lomografía, lomo para los amigos, os recomiendo encarecidamente entrar en el sitio de lomography

Pero de lo que quiero hablar, más que de lo palpable, es de la entrañable sensación, de la magdalena de Proust, que experimenté con mi primer carrete. Primero: me sentí infantilmente estúpido intentando meter (y sacar) el carrete en la cámara como si fuese un bebé que se fuera a quebrar o como si todo tuviera que encajar milimétricamente, como si se tratara de un engendro de alta tecnología. Me sentí de ciudad con una azada en las manos. Segundo: miras por la mirilla y disparas (los principios de la lomografía recomiendan que lo hagas sin pensar) y... no pasa nada. Ni siquiera un sonido mecánico de rebobinado del carrete (es manual). Nada. ¿Ha salido la foto? ¿He disparado? ¿Ha quedado bien? No, esas son preguntas son de este siglo, no del pasado. Tercero: llevo el carrete a revelar, esperando aquello de “revele su rollo en una hora”, pero nada de eso: tres días que acaban convirtiéndose en una semana entre pitos y flautas. Fue una espera como la del primer amor. Cuarto: y las fotos, todas sorprendentes, diferentes a como me las había imaginado.

Personalemnte, harto de iPads que no sirven para nada, videojuegos repetitivos y webs que aportan poco, he encontrado en la lomografía algo que me hace sentir como un niño otra vez.

16 ene. 2012

l'Autruche: diez años de cortos y un largo


Hace 10 años, en 2002, Javier Heredia y yo creamos un sello bajo el que auspiciar nuestros cortometrajes: l'Autruche. Éramos jóvenes y teníamos ganas. Los que nos conocéis, ya sabéis como han ido las cosas: comenzamos con un corto demasiado largo, “Gracias por confiar en nosotros” (David González y Javier Heredia, 2002), y acabamos con un largo demasiado corto, “Los Maravillosos” (David González y Javier Heredia, 2009). Por el camino hicimos pocas cosas serias. Se ha tratado más bien de un camino de aprendizaje (“Shocked”, David González y Javier Heredia, 2004), de ensayo (“XY”, David González, 2004), de experimentación (“Walking Around”, Javier Heredia, 2003), de premios (“Cosa dolenta, fora del ventre”, David González y Toni Benages, 2009), de inspiración (“Asma”, David González, 2006) y, vale, de cachondeo (“Subnormal Activity”, David González, 2010).

Por el camino hemos conocido a mucha gente, casi toda muy buena gente, y casi toda muy dispuesta: actores, técnicos y simplemente amigos. También pienso que en ningún momento hemos dejado de aprender, que incluso “Los Maravillosos”, nuestro supuesto clímax cinematográfico, fue una gran clase sobre como hacer cine fuera del circuito cinematográfico: sin ayudas, sin subvenciones, sin distribuidoras ni padrinos, sin dinero en definitiva. Pero también cine con mayúsculas, cine en sí mismo, plano-contraplano, fundido a negro.

El tiempo aburguesa a las masas, y ya no estamos para tantos trotes (¡han sido 16 cortos y un largo en 10 años!). Pero pienso que no deberíamos dejar de celebrar este decenio de algún modo, aunque sea a modo de canto del cisne. Se lo debemos a muchos de los que han estado siempre dispuestos a cualquier cosa, hasta a que le hundiéramos la cara en un orinal lleno de lentejas y judías. Así que, si todo va bien, este año verá la luz “Prolepsis”, un corto que ahora mismo está en postproducción, y un homenaje a “The Twilight Zone” aún en proceso de preproducción.

Pero pienso que aún faltará algo, la guinda del pastel, algo con todos los buenos amigos, un vodevil, una tarantinada, algo de Billy Wilder. Pero veremos si el 2012 no nos aplasta antes.

Cartel de "Los Maravillosos", obra de Javier Jordán y Silvia Llamas

14 ene. 2012

El post-it del día: Cíclope


De pequeño me gustaba Cíclope. No sé si por su estilizado flequillo por encima del visor (sí, el Cíclope de los 90), por su poder mutante o por su novia. Me gustaba más que Lobezno, lo siento. Siempre lo vi, a Lobezno, un poco inútil desde el punto de vista logístico. Me parecía mucho más destructor el rayo de Scott que las garras de Logan. He de reconocer que con el tiempo Cíclope fue perdiendo gancho, llegando a su anticlímax en la película “X-Men” (Bryan Singer, 2000), en la que, no sólo da pena el actor (como actor), también el personaje merece que le den dos toras de La Cosa. En fin, que sí, que me quedo con Lobezno, pero ahí dejo mi homenaje a un infancia de rayos carmesí y novias de pelo rojo.

13 ene. 2012

Las bambas de Michael J. Fox

Hace ya unos años que me compro bambas blancas. No sé porqué, y hace tiempo que me lo pregunto. Parece una nimiedad, pero no lo es.

Primero pensé que simplemente estaba un poco cansado de bambas negras. Después creí que se trataba de cierta añoranza ochentera. Me estaba acercando, pero aún no había dado en el clavo. Todo volvió a mi mente revisionando “Regreso al Futuro” (Robert Zemeckis, 1985). Ahí estaba Michael J. Fox, con unas Nike blancas con el logotipo en rojo, en grande. Yo no quería unas bambas blancas: quería las bambas de Michael J. Fox.

Hasta ahora me había comprado algunas bambas blancas, y lo más cerca que había estado de las de Michael fueron unas Nike en blanco y azul. Las típicas, ya sabéis. Pero en lo más recóndito de mi subconsciente sabía que algo no andaba bien.

Tras ver la película, procedí con la búsqueda de las bambas de marras. No fue fácil. Tuve a gente trabajando en ello. Y ahora ya las tengo y duermo aliviado. No son exactamente las mismas, vale. Se ve que ya no fabrican ese modelo, pero vamos, se le parecen bastante. Como mínimo tienen el logo rojo.

Y uno piensa en qué tipo de droga o qué tipo de control mental se utilizó durante los ochenta.

12 ene. 2012

UN MUNDO DE SONIDOS SIN COPYRIGHT

Somos muchos los que nos dedicamos al cortometraje amateur. Muchos dicen que por amor al arte, aunque yo creo que también un poco por vanidad. En esta parcela artística tan gratificante y frustrarte a la vez (problemas de producción, distribución, promoción...), algunos os habréis encontrado alguna vez con el muro del copyright, sobre todo en referencia al audio y especialmente con las bandas sonoras, donde se mueven las mafias mejor organizadas. Tal y como están las cosas, no podéis pretender hacer un corto con una canción “robada”, presentarlo en algún festival y salir de rositas. Vale, uno se sale con la suya la mayoría de las veces, pero puede ser que el próximo pato lo pagues tú.
El objetivo de este post, en todo caso, no es urdir un ardid para esquivar temas legales, sino descubrir un nuevo campo de posibilidades riquísimo auspiciado bajo el sello de Creative Commons. O eso, o aprendes a componer.

Para las bandas sonoras, os recomiendo webs como Jamendo, donde podéis encontrar un sinfín de canciones, ordenadas por géneros y países. Vale, es mucho más fácil poner la banda sonora de Terminator en tu corto, y queda mucho más molón; pero utilizando este tipo de contenidos no sólo enriqueces el valor artístico de tu corto, sino que se crean sinergias de apoyo entre los diferentes creadores.

Otro punto de interés son los efectos sonoros. En Internet circulan cientos de efectos sonoros, pero, cuidado, la mayoría de ellos son “pirateos” de cd's con copyright. En Freesound encontréis miles de efectos que quedarán la mar de bien en vuestros cortometrajes gracias a un motor de búsqueda bastante aceptable (eso sí, en inglés).
Para los que no conozcáis el tema de Creative Commons, os invitó a pasar por su web para informaros. Tened en cuenta que hay diferentes licencias Creative. Tanto en Jamendo como en Freesound encontraréis la licencia bajo la que está registrado cada archivo. Una norma básica es indicar siempre el autor de la obra (en los créditos de tu corto, por ejemplo). Algunos creadores incluyen más restricciones, como la prohibición de modificar la obra original o de usar el archivo para usos comerciales, como publicidad, etc.
Entiendo que la pasión que te lleva a dirigir un cortometraje también te conduce a visualizar una secuencia concreta con una canción concreta, extraída de todo tu acervo musical y en muchas ocasiones condicionado por todo el cine que has visto. Pero probad estas canciones. Siempre hay un tema para tu corto. Hay mucho de ensayo y error, también, pero los resultados suelen ser, como mínimo, sorprendentes.
PD: Os dejo el blog donde cuelgo mis cortos. Veréis que nunca ganaré un Goya con ellos, pero los temas musicales les van al pelo.