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22 de mar. de 2015

minireseña: INTERSTELLAR

He intentado ver Interstellar (Christopher Nolan, 2014) ajeno a todo el bombo que ha rodeado la película (y ojo, que digo “bombo” y no esa tontería de “hype”). No quería que todas esas opiniones, esas críticas a menudo absurdas y toda la campaña hacia los Oscars me estropearan la última propuesta de Nolan. Por eso esta reseña llega un poco tarde; ahora que, seguramente, nadie se la espera. ¿Una crítica de Interstellar? ¿Ahora? ¿Por qué? Porque creo que hace falta una crítica sin “hype”. Tanto me he tapado los oídos, que hasta me ha sorprendido el elenco.

Quizás porque no sabía de qué iba la cosa, he disfrutado la película como un niño. Hacía tiempo que no sentía esa sensación de meterme en una película y sentirla a flor de piel. Como ver Tiburón o Superman por primera vez. Eso que nos prometió Super 8 (J.J. Abrams, 2008) pero no nos dio.

He visto mucho oficio y mucho Hollywood en la primera parte de la peli, por ejemplo. Una humanidad amenazada, padres e hijos, héroes... Casi me he imaginado por ahí a Kevin Costner haciendo de las suyas. El subidón me ha bajado un poco cuando la cosa se ha puesto tensa. Como ya hizo en Origen (Christopher Nolan, 2014), el director nos ofrece un clímax alargado quizás en exceso y quizás menos brillante que en la película protagonizada por Leonardo di Caprio. Pero ahí está Matthew McConaughey haciendo un poco lo que puede él solo contra el universo, y el esfuerzo es notable.

Y entonces llega el final, que tiene dos partes. La primera es una flipada, en un sentido literal. La segunda es para llorar. Llorar de Spielberg, me refiero, de lagrimita.

Pero no quiero dar la sensación de que la cinta se divide en fragmentos inconexos. Nolan juega así con el ritmo y el estado de ánimo del espectador. Primero lo prepara, después lo ataca y finalmente le da la estocada. El camino no es perfecto, claro, y si el espectador se sale de él en algún momento la peli comienza a desinflarse. Se empezará a preguntar cómo puede ser esto y lo otro y qué me estás contando. Pero cuestionarse los principios científicos que aparecen en Interstellar me parece un error, además de un dolor de cabeza. Porque no es una peli de ciencia ficción, como lo puede ser Moon (Duncan Jones, 2009). Es a veces un drama y a veces un thriller, que, como en El Caballero Oscuro (Christopher Nolan, 2008), se mezclan con una pericia sobresaliente.

Interstellar es una peli de esas de ir a ver al cine, y hacerlo además con palomitas. De esas que te dejan a gusto, como después de un buen llanto. Cualquier comparación con 2001: Una Odisea del Espacio (Stanley Kubrick, 1968) no se sostiene. Está muy lejos de la densidad de la película de Kubrick, aunque quizás en la estética se asemejen. Creo que está más cerca de ser un Regreso al Futuro (Robert Zemeckis, 1985) puesto al día. A priori parecería que no, que el tono es muy distinto. Pero en realidad, si rascas un poco en la superficie, McConaughey es como Marty McFly intentando salvar el mundo. Y en realidad, pese a las casi tres horas y todas esas ecuaciones tan complicadas, pese a que a veces el espíritu de Watchmen asoma la cabeza, eso es todo lo que hay.


15 de mar. de 2015

FREAKYLIVE! #24


FATAL, Manchette & Cabanes (Norma)
TRANSMETROPOLITAN, Ellis & Robertsson (ECC)
MAGASIN GÉNÉRAL: NOTRE DAME-DES-LACS, Losiel & Tripp (Norma)
LIGA DE LA JUSTICIA: LA GUERRA DE LA TRINIDAD, Johns, Reis, Janín, Mahnke, Rocafort & Ha (ECC)
MARX, Corinne Maier & Anne Simon (Norma)
FREUD, Corinne Maier & Anne Simon (Norma)
HELLBOY: EL CIRCO DE MEDIANOCHE, Mignola & Fegredo & Stewart (Norma)
MARTHA WASHINGTON DIES, Frank Miller & Dave Gibbons (Norma)
EL BOTONES DE VERDE CAQUI, Schwartz & Yann (Dibbuks)
THOR: DIOSA DEL TRUENO, Aaron, Dauterman & Wilson (Panini Comics)
BATMAN: SILENCIO, Jeph Loeb & Jim Lee (ECC)
GILGAMESH II, Jim Starlin & Steve Oliff (ECC)
LA MUERTE DE LOBEZNO, VVAA (Panini Comics)
LOS TRES FRUTOS, Zidrou & Oriol (Norma)
EL ARTE DE NEIL GAIMAN, Hayley Campbell (Norma)
SANDMAN: CAZADORES DE SUEÑOS, Gaiman & Graig Russell (ECC)
BLACKFACE BANJO, Frantz Duchazeau (Spaceman Books)
BIENVENIDOS A KRPKRUETT, Busquet & Jorfe (Dibbuks)
MAGGOT, Black Frog (Spaceman Books)
SANDMAN: NOCHES ETERNAS, Gaiman & otros (ECC)

6 de mar. de 2015

SANDMAN Y YO

Supongo que de The Sandman ya se ha dicho todo. Algunas cosas incluso se han dicho tantas veces que las damos por ciertas sin más, como eso de que su creador, Neil Gaiman, se encontró con Choronzón, uno de sus personajes, en una fiesta. Pero de lo que no se ha dicho nada es de mi relación con Sandman.

Siempre he pensado que lo más frustrante para un lector de cómics es no haber estado en el momento y lugar adecuados. No haber estado allí cuando se publicó Watchmen o las Secret Wars. No haber estado allí cuando se estrenó Otako no Video. O cuando Tintín y Spirou. Y no solo eso: no haber estado allí y además no ser norteamericano, o japonés, o francés. Porque cuando leo Watchmen no puedo evitar pensar que me estoy perdiendo algo, que si fuera un vecino de Manhattan en plena Guerra Fría leería ese tebeo con otros ojos, con otra intensidad.

Lo mismo me pasa con The Sandman. Acabo de releer la colección, en la última edición de ECC, y también algunos de sus especiales (el fantástico Noches Eternas y el precioso Los Cazadores de Sueños de P. Craig Russell). Casi tengo una erección al revisar el capítulo 24 horas de la serie o Un sueño de un millón de gatos; y huelga decir que leer el arco argumental del infierno es un subidón. Pero, objetivamente, con ojos de hoy, bajo la mirada de un chaval de dieciocho años, no es para tanto. Así que pienso que, de algún modo, Sandman somos Sadman y yo.

Pero yo no leí The Sandman a finales de los 80 en una ciudad como Baltimore o Detroit, u otra más triste si cabe. Ni siquiera lo leí cuando se publicó por primera vez en España (yo, por aquel entonces, era más de manga). Lo leí cuando Norma Editorial publicó los volúmenes recopilatorios. Aún no era tarde para encontrar a verdaderos fanáticos de Sandman, y tambien de Gaiman. Chicas vestidas de Muerte. Chicos pálidos como la luna con ropa de cuero. De hecho, creo que la cosa estaba en su momento álgido, al menos en Barcelona. Flipé, en serio. En aquella primera lectura me pareció algo grandioso. Algo más grande, en el sentido estricto del término, que cualquier otra cosa leída antes. Más grande que Watchmen. Más grande que todo Dragon Ball. Grande de "grande", no de "largo"; con todo el imaginario y la mitología que lo rodea, en la ficción y en la realidad, con sus insondables límites.

Como decía, de The Sandman se ha dicho ya todo. Pero quizás nadie lo había juntado en un solo libro hasta que Norma ha publicado El Arte de Neil Gaiman, de Hayley Campbell (hija de Eddie Campbell, por cierto). Ha sido gracias a este ambicioso libro que ha vuelto a mí la idea de que mi Sandman no es el único Sandman. De hecho, es un Sandman insignificante.

Porque, de alguna manera, la colección de The Sandman es un paradigma de la revolución que se vivió en el cómic norteamericano a finales de los 80 y mediados de los noventa. Entre Watchmen y Las Benévolas, por decir algo. Watchmen fue una punta de iceberg. Animal Man fue una muestra. Pero The Sandman lo fue todo y lo abarca todo: la maduración del lector y del cómic, la retrocontinuidad, la invasión inglesa, Vértigo, los tomos recopilatorios, la transformación del triste autor de cómics en estrella... Incluso la entrada del público femenino en las tiendas de cómics. En serio, todo está en The Sandman. Pero yo no. Yo no estaba allí. Yo no estaba, no sé, en Michigan, un frío día de febrero para ver como Muerte entraba por la puerta y pedía el último número de The Sandman. De alguna manera, eso me duele.

Así que aquí me tenéis, con mi Sandman, que es triste y pequeñito. Sí, supongo que hay un poco de leyenda en todo esto, que el propio Gaiman se ha encargado de alimentar el mito (es un tipo listo, sin duda). Pero, como todos los libros sagrados, The Sandman se alimenta un poco de eso. Del mito. Y también del miedo.

21 de feb. de 2015

minireseña: BIRDMAN

puntuación: 6
Pese a la pereza inicial, y después de oír tanto que “es muy buena” como que “es muy mala”, por fin he visto Birdman (Alejandro González Iñárritu, 2014), una de las películas de la temporada. Y la he visto no tanto para comprobar si era buena o era mala (que, la verdad, ni fu ni fa), sino porque se ha dicho que contiene una dura crítica contra las películas de superhéroes. Y, como ya sabéis lo que opino sobre el tema, decidí echar un ojo, a ver qué se cocía ahí.

Y qué sorpresa al encontrarme con todo lo contrario, al menos a mi entender. Porque Iñárritu no dispara contra las películas de superhéroes, sino contra ese cine premeditadamente intelectual que la propia película representa en un ejercicio paradójico. Son precisamente los personajillos que viven en ese ambiente de impostura, y que en la película son caricaturizados, los que articulan el discurso contra el blockbuster. Su crítica, manida y repetitiva, además de vacía, tiene poco que hacer contra los poderosos argumentos de Birdman, que, en la cinta, representa el cine comercial. La propia película se disfraza pomposamente (desde lo técnico hasta lo dramático) para vestir un discurso tan vacío como sus propios protagonistas, cuyas preocupaciones resultan triviales en el mundo real en el que vive todo hijo de vecino.

No sé qué piensa Iñárritu de los superhéroes, pero, si realmente esto que expongo es lo que el director pretendía, para mí Birdman es un diez; un ejercicio de metacine brillante y rocambolesco, a la vez que desconcertante. Pero si lo que buscaba era lo contrario, la peli es un mojón, porque entonces no reflexiona sobre nada, ni propone ningún juego, ni explica nada nuevo. Caramelo o mojón, viene envuelto en un papel de lujo, eso sí.


8 de feb. de 2015

Freakylive! #23


Una nueva cita con David G. González y Toni Benages Gallard y sus particulares reseñas de cómic. Coincidiendo, además, con el décimo aniversario de la aventura del Freaky.

LOBO: AUTOPISTA AL INFIERNO, Ian & Kiet (ECC)
Doctor Radar, Asesino de sabios de Simsolo i Bezián
TRAVELING, Ken Niimura (Norma)
O'BOYS, Thirault, Colman & Cuzor (Norma)
SARA LONE, Arnoux & Morancho (Norma)
NOWHERE MWN, Stamphenson, Bellegrade, Bellaire & Fonografiks (Norma)
LA MUERTE DE LOBEZNO, Soule, McNiven , Leinsten & Ponsor (Panini)
EL ORO Y LA SANGRE, Bedouel Merwan & Defrance Nury (Spaceman Books)
DOOP: EL NUEVO DOOP, Milligan, Lafuente & Allred (Panini)
CÍCLOPE, ENTRE ESTRELLAS, Rucka, Dauterman & Carnero (Panini)
TRILLIUM, Lemiere & Villarrubia (ECC)
SIETE SOLDADOS DE LA VICTORIA, Morrison y otros (ECC)
SERIE B, Andrés G. Leiva (Dibbuks)
OPUS, Satoshi Kon (Planeta DeAgostini)
LA MONDAINE, Zidrou & Jordi Lafebre (Norma)
CASUALMENTE, Fumio Obata (Spaceman Books)

1 de feb. de 2015

NIGHTCRAWLER

Nightcrawler (Dan Gilroy, 2014) llega a las pantallas precedida de galardones y nominaciones, y, sí, tengo que decir que aquí estamos todos de acuerdo: para mí, es la película del momento. Ni Interstellar (Christopher Nollan, 2014), ni Birdman (Alejandro González Iñárritu, 2014): el debut cinematográfico de Dan Gilroy es tan imponente como el Taxi Driver de Scorsese (1976) o el Club de la Lucha de David Fincher (1999).

Nightcrawler reflexiona sobre varias cosas. O quizás no reflexione y solo las exponga en su crudeza. Es un retrato de una sociedad saciada (la actual), de un negocio pervertido (el del periodismo) y de una ciudad muerta (Los Ángeles). Pero, aún más, y ahí está el hecho diferencial: Gilroy, con la ayuda de una espléndido Jake Gyllenhaal, hace un retrato visceral, pervertido y exagerado de la figura del emprendedor, tan en boga últimamente, y tan perversa.

Nightcrawler es, también, una película, en mayúsculas. Una buena muestra de cine a medio camino entre el independiente americano y las producciones de los grandes estudios. Tiene algo de Drive (Nicolas Winding Refn, 2011), pero también algo de blockbuster. El resultado es un ritmo ininterrumpido que crece y crece hasta un clímax frenético que te mantiene agarrado a la butaca. Todo un pulso.

Gyllenhaal interpreta a un tipo inteligente y algo sociópata en busca de una luz que guíe su vida, una aspiración mayor, una forma de realizarse. Accidentalmente, descubre el mundo de los videoreporteros nocturnos: carroñeros en busca de accidentes, robos, tiroteos y violaciones. Cuánta más sangre mejor, cuántos más muertos mejor y cuanto más cerca suceda de cualquier hijo de vecino, mejor. Porque, ya se sabe, lo que vende en la tele es el miedo.

Nightcrawler hace un retrato sucio y retorcido del mundo del periodismo. Pero eso no es nada nuevo. También retrata a los reporteros como personas ruines y solitarias, muy en la línea de lo que hizo Howard Franklin en El Ojo Público (1992). Así que eso tampoco es nuevo. El fresco nocturno de Los Ángeles es precioso. Pero eso ya lo hizo con Nueva Yok Scorsese en Al límite (1999). Lo verdaderamente intrigante de esta película es su personaje principal, que, en el fondo, no es más que un nuevo empresario, un joven abriéndose camino en el despiadado mundo de la televisión. Sí, bueno, el chico está un poco tocado. Pero, en el fondo, habla con coherencia desde un punto de vista empresarial. En el fondo, hemos visto cosas muy parecidas en la vida real últimamente.

En este sentido, Gyllenhaal brilla como nadie en esta película. Parece como si todo lo que le salió mal en Zodiac (David Fincher, 2007) y Prisioneros (Denis Villenueve, 2013) le haya salido bien aquí. Incluso como si todo lo mal que lo hizo Javier Bardem en No es país para viejos (Ethan Coen, 2007) lo hiciera bien Gyllenhaal aquí.

El resultado es el Taxi Driver de nuestro tiempo, como se ha dicho mucho. Pero un poco al revés, o totalmente. O quizás solo disfuncionalmente. Porque aquí el protagonista no hace justicia, ni venga nada. Solo se reivindica a sí mismo y su derecho a realizarse, a cumplir con el sueño americano.

Nightcrawler es el debut más prometedor que recuerdo desde hace tanto tiempo que no recuerdo desde cuando. Es un alarde de savoir-faire. Es el retrato de una generación. Y quema.


27 de ene. de 2015

SERIE B

Dibbuks edita el último cómic de Andrés G. Leiva, representante de la quizás algo difuminada generación Injuve. Bajo el título de Serie B, Leiva firma una obra muy peculiar que crece y crece hasta tomar una forma y consistencia que en las primeras páginas parece ausente. El resultado es una carta de amor al cine de serie B.

Con un dibujo suelto (a veces demasiado...) y una acuarela preciosa, Leiva mezcla una serie de tramas de ciencia ficción que acaban desembocando al final en una sola película, la gran obra de un director de cine en el ocaso de su carrera. La ficción y la realidad se cruzan una y otra vez a medida que el director avanza en la filmación del film y retoca el guión original (que, por cierto, ha perdido). El guión, sea dicho de paso, encierra “la película pulp más maravillosa de todos los tiempos”.

Al final, lo que tenemos aquí es una obra coral, un puñado de personajes (tanto los “reales” como los “ficticios”) en busca de su Santo Grial particular. El lector no podrá evitar encariñarse con ellos ante sus debilidades, sus miserias y sus sueños de grandeza.

Serie B crece por momentos. Uno, quizás, agarre el cómic con recelo al principio ante la inconexión aparente de las historias. Uno casi cree que ha empezado a leer un libro de historias cortas. Poco a poco, pero, la cosa toma forma, las historias se entrelazan y los personajes se encuentran. El resultado, realmente, transmite la grandeza y la bajeza del cine de serie B, ese melodramatismo nostálgico tan característico, esa épica sobredimensionada, ese cine en vena y en estado puro.

Este cómic es amor.

25 de ene. de 2015

minireseña: SOMOS LO QUE SOMOS

Valoración: 6
Jim Mickle se consolida con Somos lo que somos (Jim Mickle, 2013) como un director de género afianzado en el realismo. Y, con este remake de la película de Jorge Michel Grau, no sólo en el realismo, sino en lo cotidiano. De ahí que el terror sea aún más terrorífico.

Somos lo que somos está lejos de los ejercicios de histrionismo tan de moda en las propuestas más comerciales del género, sobre todo en el terreno de los zombies. Esta es una película seca y dura, con algunos puntos en común con Red State (Kevin Smith, 2011) en lo que se refiere al retrato del fanatismo religioso que se vive en algunas comunidades de los Estados Unidos de América.

Estéticas a parte, la película parece tener dos partes, una contenida e incluso melodramática y otra más cercana al trhiller. Es aquí, como en Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976), donde al realizador quizás se le va un poco la mano, desestabilizando la sobriedad del conjunto.

Quizás Mickle se equivoca al focalizar la atención en lo menos interesante, porque al final la “sorpresa” acaba resultando lo menos sorprendente y “lo más fuerte” tampoco es lo más fuerte. Y es que ya lo habíamos visto retratado con una similitud sospechosa en una película anterior que no se puede traer a colación sin caer en el spoiler.

Pese a ello, Somos lo que somos es una cinta sólida e intensa. Quizás algo irregular. Y quizás peca de nadar entre dos aguas. Pero su factura y unas interpretaciones en estado de gracia la elevan sobre la media.

Buen provecho.


minireseña: PERDIDA

Valoración: 6
Hace tiempo perdí la capacidad de conectar con la crítica. Eso creo. O sea, El lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013) me parece basura y ahora Perdida (David Fincher, 2014) me parece una peliculilla del montón, aunque no paro de oír que es buenísima.

En serio, la peli esta llena de macguffins que no llevan a ningún lado. Ben Affleck en sí mismo es todo un macguffin. Y aún me estoy preguntando qué pinta el gato y cómo narices entra en la habitación de matrimonio si la puerta está cerrada. Me pregunto muchas más cosas, sobre todo en torno a las peculiares habilidades de la protagonista, pero no quiero reventarle la película a nadie. Me pregunto tantas cosas que no tienen respuesta que en ningún momento puedo entrar en la película.

Por lo demás, sí, el golpe hitchcockiano está bien y el retrato de los medios sociales y la prensa mete el dedo en la llaga. Pero bueno, tanto como "buenísima"...

Me da la impresión de que David Fincher quería hacer con Perdida un Prisioneros (Denis Villeneuve, 2013), al menos en cuanto a empaque y trascendencia. Bueno, pues se ha quedado corto.




PD: Eso sí, el trailer es la leche.

minireseña: OPUS

Valoración: 6
Soy fan de Satoshi Kon y me entristeció mucho su muerte. Por eso, cuando cayó por casualidad entre mis manos el primer número de Opus (Satoshi Kon, Planeta DeAgostini, 2014), lo cogí con muchas ganas, casi sin saber qué iba a leer, esperando quizás un nuevo Regreso al Mar (Satoshi Kon, Planeta DeAgostini, 1994). Bueno, supongo que fue un error.

Opus insiste en el tema recurrente del autor, que ha centrado casi la totalidad de su obra en los límites entre ficción y realidad. En un ejercicio autoreflexivo, Kon teje la historia de un mangaka que, en plena crisis de creatividad, acaba saltando al mundo de su propia invención.

Pero aléjense de Opus los sesudos defensores de la ciencia ficción y de la matafísica dura. Este es un cómic de acción dirigida a un público adolescente. Eso sí, un shōnen de calidad. Dibujado con excelencia y muy alejado de la morralla que se publica hoy en día a toneladas. Aquí huele a Otomo y a Taniguchi.

Hagan el bien y regálenlo a un sobrino.

19 de ene. de 2015

minireseña: LA ISLA MÍNIMA

Valoración: 6
El problema principal de La Isla Mínima (Alberto Rodríguez, 2014), el director de Grupo 7, es que viene precedida de la fama de “que es muy buena”, y no lo es. Tampoco le hace ningún favor su parecido más que razonable con la serie True Detective (Nic Pizzolatto y Cary Joji Fukunaga, 2014). La verdad es que el porqué de tal semblanza se me escapa, y, aunque a veces resulta meramente accidental, en otras ocasiones parece cómico.

Vaya por delante que, si dejamos de lado todo esto, La Isla Mínima es una película más que aceptable, y más aún viendo el panorama cinematográfico nacional, aunque eso no debería ser ninguna excusa. El elenco principal está más que bien, a pesar de que el absurdo juego de personalidades al que les somete el guión les hace desmerecer en algún momento. La fotografía resulta muy armoniosa, pero le falta algo de verdad si realmente intenta emular la crudeza de True Detective. En un entorno tan intenso como en el que se desarrolla la acción, uno echa a faltar primeros planos, sonidos y casi olores. Todo parece visto demasiado desde la barrera.

Por lo demás, la película resulta vacía. Eso no sería malo en sí mismo si no diera la impresión de que el director nos quiere dar a entender algo más con una serie de tramas subterráneas que acaban en un callejón sin salida o no acaban de casar con ninguna idea seminal.

La Isla Mínima es una película equivocada en un momento equivocado, a la que, además, le veo más posibilidades como serie que como película dada la riqueza del entorno en la que se mueve la trama central, una trama que acaba resultando la menos interesante por falta de peso, y poso. En resumen: un gatillazo, teniendo en cuenta el excelente trabajo de Grupo 7. Pero hay esperanza.

24 de dic. de 2014

LOS MEJORES CÓMICS DE 2014

Pues sí, como sabemos que os pirran estas cosas, aquí tenéis nuestra lista particular de los mejores tebeos que hemos leídos este 2014, un año lleno de gratas sorpresas. Como siempre, no siguen ningún orden de preferencia ni nada de eso. Ni siquiera siguen un orden alfabético.

TUNGSTENO, Marcello Quintanilha (La Cúpula)
CONTRA LAS CUERDAS, Vance y E. Burr (Norma)
COWBOY HENK, Herr Seele y Kamagurka (Autsaider Comics)
REVIENTA, CERDO, Pascal Rabaté y Simon Hureau (Norma)
AQUEL VERANO, Jillian & Mariko Tamaki (La Cúpula)
KOMA, Wazem & Peeters (Dibbuks)
LAST MAN, Balak, Sanlaville & Vivès (Diábolo)
DEGENERADO, Chloé & Cruchaudet (Dibbuks)
TODAS PUTAS, Migoya y otras (Dibbuks)
LOBO DE LLUVIA, Pellejero y Dufaux (Astiberri)
LA GIGANTESCA BARBA QUE ERA EL MAL, Stephen Collins (La Cúpula)
KANIKOSEN, Takiji Kobayashi y Go Fujio (Gallo Nero)
OCEANIA BOULEVARD, Marco Galli (Diábolo)
PLANETA TIERRA, Aisha Franz (La Cúpula)
EL RESURGIR, Snyder y Murphy (ECC)
DIAL H, Méville y Ponticelli (ECC)
LOCKE & KEY, Joe Hill y Gabriel Rodríguez (Paninni)
BLUE ESTATE, Osborne y Kalvachev (Dibbuks)
DON QUIJOTE, Flix (Dibbuks)
KONGO, Tirabosco y Perrissin (Dibbuks)
LA SERPIENTE DE AGUA, Tony Sandoval (Dibbuks)
¡SHAZAM!, Johns & Frank (ECC)
KIOSCO, Juan Berrio (Dibbuks)


Por otro lado, estas son las entradas de nuestro blog que más éxito han tenido este año (estas sí, por orden del número de visitas):

TODAS PUTAS
SOBREDOSIS DE PLUMILLAS
POR UNA CRÍTICA DE CÓMIC PROFESIONAL
TUNGSTENO
FREAKYLIVE! #21
LOS GUARDIANES DE LA GALAXIA
FREAKYLIVE! #18

Así que, sin más, hasta el año que viene (un año con sorpresas, os lo aseguramos!)

21 de dic. de 2014

Freakylive! #22



Emisión en directo, el 22/12/14
CABALLERO LUNA: DE ENTRE LOS MUERTOS, Ellis y Shalvey (Panini)
EL RESURGIR, Syder y Murphy (ECC)
MAYOR, Moebius (Norma)
TRINITY, Matt Wagner (ECC)
ESTACIÓN 16, Hermann y Yves H (ECC)
KIOSCO, Juan Berrio (Dibbuks)
LA NOVIA Y LA LADRONA, Bleda y Rakel (Kiss Comix)
DIAL H, Méville y Pnticelli (ECC)
ZERO, Kot y otros (ECC)
RELIQUIAS, Azpitarte y Unzueta (Evolution)
LA SOMBRA DE DON QUIJOTE, Clarey y Fuentes (Evolution)
HANZÔ, EL CAMINO DEL ASESINO, Koike y Kojima (ECC)
YO, ASESINO, Altarriba y Keko (Norma)
TUNGSTENO, Marcello Quintanilha (La Cúpula)
GYO, Junji Ito (ECC)
UNA NAVIDAD CON CROQUETA Y EMPANADILLA, Ana Oncina (La Cúpula)
CONTRA LAS CUERDAS, Vance y E. Burr (Norma)
CASO PARA DOS, Anthony Pastor (La Cúpula)

7 de dic. de 2014

TUNGSTENO

En el mercado de cómic nacional (y me refiero a lo que se publica aquí en papel), encontrar un cómic que sorprenda no es tarea fácil. Ya no digo que sea malo o bueno; me refiero realmente a que sorprenda, a que te haga exclamar: “!Jo, qué cabrón!” y “¡Cómo ha hecho esto!”.

Hablo del autor, claro, el brasileño Marcello Quintanilha, que hasta ahora había permanecido inédito en nuestro país como autor de novela gráfica pese a hacer gala de una carrera más que sólida. Ha sido La Cúpula la encargada de publicar ahora su obra más reciente, Tungsteno, un tebeo frenético que estira los límites del ritmo narrativo del cómic hasta el límite. Tanto, que casi parece que estamos en el cine.

Quintanilha sitúa la acción en Salvador de Bahía, Brasil. Un viejo militar y un joven buscavidas charlan a la sombra de un árbol. Un policía se toma algo con los amigotes en el chiringuito de la playa. Un chica decide en el autobús que va a dejar a su novio. Parece que no pasa nada y, de repente, se oye una pequeña explosión. Un par de jóvenes están pescando con dinamita en una orilla apartada. Se forma entonces una pequeña trifulca en la playa, bajo la atenta mirada de los curiosos. Y la cosa se les va a todos de las manos.

Es precisamente en ese breve lapso donde se cruzan las vidas de los tres protagonistas. Quintanilha teje una serie de flashbacks y narraciones paralelas que no sólo aceleran el ritmo de la historia, sino que nos hacen entrever que ahí hay algo más y que en cualquier momento la cosa va a estallar. También pintando un retrato espléndido de una serie de personajes en busca de algo mejor para sus vidas.

Tungsteno es, sin duda, uno de los cómics del año, y casi me atrevería a decir que una obra maestra. La pericia del autor desborda al lector, que tendrá la sensación de haber llegado tarde al cine y estar viendo ya la escena final. Todo sucede tan rápido y tan intensamente que sólo al al acabar uno se pregunta cómo puede conocer tan bien a esos personajes, como puede tener una imagen tan nítida del tipo de persona que son y de la vida que han llevado.

Quintanilha brilla en todos los aspectos; el argumento, el guión y el dibujo, espléndido, por cierto (sólo hay que ver la portada). Todo fluye, y lo hace a un ritmo muy personal, que parece mezclar muchas influencias, desde la tradición sudamericana hasta el manga, pasando por Tarantino.

Cuando lleguéis a la última página de Tungsteno, pensaréis “¿Ya está?”, y querréis más. Pero en realidad estaréis agotados y no podréis más.

16 de nov. de 2014

Por una crítica de cómic profesional

por David G. González
Llevo nueve años dedicándome a la crítica de cómics. Antes me dediqué a la crítica musical. En ambos mundos, por no decir “mundillos”, he topado con comportamientos similares y vicios peligrosos. Mucho amiguismo y mucho quedar bien. Pero supongo que si no tenemos un mercado de cómics maduro en España, tampoco podemos tener una crítica de cómic madura.

No iba a escribir este artículo. Hace años que me ronda la cabeza, pero pensaba que daba igual, que mucha gente iba a estar en desacuerdo, que habría quien se daría por aludido. Pero sucedió algo que me hizo cambiar de idea. Por primera vez, una editorial (llamémosla P), nos denegó el envío de novedades aduciendo que no les saldría a cuenta dado el número de visitas de nuestro blog.

EL MUNDILLO
Vale. Para los que no seáis del “mundillo”, os voy a explicar cómo funciona esto. A mí me gustan los cómics. Creo que puedo escribir o hablar de cómics así que convenzo a alguien para que me ceda un espacio en su revista de tendencias, o me deje cinco minutos para hablar en la radio o, más fácil, abro un blog y ahí escribo cositas sobre superhéroes. Así que me pongo en contacto con todas las editoriales y les digo que ahora me dedico a esto y que si me pueden enviar “copias para prensa” de sus novedades, de modo que yo pueda leerlas y reseñarlas. A las editoriales les interesa, claro, dado que obtienen cierta publicidad y les cuesta menos que insertar un anuncio.

¿Cómo? ¿Cómics gratis? Muchos os lo estaréis preguntando. Bueno, sí. Cómics gratis, discos gratis, entradas de cine gratis, videojuegos gratis... Sí. Y todos los críticos culinarios comen gratis. Esto siempre ha sido así y siempre había funcionado.

Con la proliferación de medios, y no ya sólo digitales, las editoriales (y las discográficas, y las distribuidoras...) han tenido que atajar al asunto. Hace años que están cerrando el grifo. Cada vez es más común que los sellos te pidan pruebas de que has hablado de sus publicaciones o que has escrito un artículo sobre tal feria. Hace ya unos años el festival de cine de Sitges decidió cobrar a los periodistas por el pase de prensa dado el ingente volumen de acreditaciones que les solicitaban. Ya no llegan discos a las radios, con suerte te mandan un link de Youtube. Algunos incluso quieren que pagues por pinchar su música.

En este recorte, un poco improvisado, quien ha salido peor parado es el bloguero. Sí, porque los hay a puñados. Porque todo el mundo puede abrir un blog.

EL NÚMERO DE VISITAS
Parece muy fácil valorar la repercusión de un blog. Freakyonline tiene unas 700 visitas al mes. No es el blog de cómics más visitado del mundo, lo sé. Y eso siendo consciente de que el “número de visitas” es un concepto desfasado desde la irrupción de Youtube y, sobre todo, las redes sociales. Pero bueno, asumamos que los números son los números.

Yo no he venido aquí a hacerme con la colección de cómics más grande del mundo, en serio. Creo en el cómic como medio artístico y en los medios de comunicación como un servicio público, como generadores de cultura y difusores de conocimiento. Por eso en 2005 puse en marcha This is Not Another Freaky TV Show, un programa de televisión dedicado a la crítica de cómics y realizado con más ilusión que medios. Estuvimos siete años en antena y durante la mayoría de ese tiempo lo hicimos por amor al arte, literalmente.

¿Os estáis preguntando qué hicimos con todos los cómics que nos llegaron durante ese tiempo? Muchos me los quedé. Muchos otros los utilizamos como recompensa a los colaboradores del programa. Otros los llevamos a las bibliotecas públicas. Otros los hemos dado a las personas que creíamos que más los iban a disfrutar. Y la mayoría acabaron siendo reciclados, en serio. Eran malos. Algunos eran muy malos.

Durante todo este tiempo hemos sido benévolos. Tanto con las editoriales como, sobre todo, con los autores nacionales. Hemos defendido artistas cuyos buenos trabajos estaban pasando desapercibidos y hemos intentado hacer poco ruido cuando una obra no cumplía las expectativas. Incluso cuando no cumplía unos mínimos. No hemos hecho sangre y creo que hemos sido honestos.

Todo esto porque creemos en el cómic y nos gusta explicarlo tal y como creemos que es, darlo a conocer, ser didácticos y hacer pedagogía del noveno arte.

UN CÍRCULO VICIOSO
No creáis que se me escapa la perversidad de este “sistema”. Por eso estoy enfadado con P, aunque no se lo he dicho porque creo que publican algunos buenos cómics y queremos seguir hablando de ellos en nuestro blog. También porque creo que no es culpa suya.

Hace unos meses escribimos un artículo sobre uno de los últimos cómics de un autor al que llamaremos H. El cómic nos pareció muy bueno. Además, tenía algunos valores añadidos que lo hacían destacar especialmente. Publicamos el artículo y, como es habitual, se lo hicimos saber a la editorial y también directamente a H. Fue lo más viral que hemos hecho nunca.

Hace poco también publicamos una entrada sobre un tebeo colectivo de la editorial D. La crítica no fue muy buena porque el cómic era muy malo. No dijimos que era “muy malo”, por supuesto. Fuimos buenos. Pero esa entrada pasó desapercibida. Evidentemente, nadie la retuiteó, ni la editorial, ni los autores.

Sé lo que tengo que hacer si quiero tener muchas visitas en mi blog, en serio. Si queréis ser retuiteados y tener muchos “me gusta” en Facebook, tenéis que decir siempre que el cómic es muy bueno. Si es de un autor nacional, mejor. Y si es un tebeo colectivo, aún mejor, porque todos los autores participantes se harán eco. Y sus amigos y familiares. Y entonces las editoriales os enviarán más “copias para prensa”. Poner en el título “tetas” o “porno” también ayuda.

A veces leo la crítica de un cómic, leo que la narración es “brillante” y que el dibujo “es espectacular”, y sé que es mentira. Objetivamente es mentira. En serio, si suena a exageración es una exageración. Lo consulto con otros colegas, los consulto con algunos dibujantes y guionistas, y piensan lo mismo que yo.

Eso no le hace ningún bien al cómic, en serio. Muchos nuevos lectores de cómics se me acercan y me dicen que han comprado esto porque han leído aquí o allá que es muy bueno. Y muchas veces no lo es. Pienso que ese lector leerá ese tebeo, y después ese otro, y con el tiempo pensará que si eso es lo mejor que puede dar de sí el cómic no hace falta seguir leyéndolos, ni mucho menos comprándolos. Es como cuando la editorial N o el salón F regalan tebeos que son basura. Le hacen un flaco favor al cómic.

UNA CRÍTICA CERRADA
Tiempo después hablé con H. Me dio las gracias por la crítica. Le dije que habíamos sido sinceros. Reiteró sus agradecimientos y dijo que le parecía algo muy importante porque hay una crítica establecida del mundo del cómic que estaba dispuesta a no decir nada sobre su tebeo. Sacó a relucir nombres que aquí me voy a ahorrar, pero que tienen un elevado “número de visitas”. Supongo, claro. No conozco los datos.

Yo soy de la primera generación del manga en España. Empecé a leer tebeos con Santuario, Ranma y Grey. Después volví a los superhéroes que había abandonado de pequeño (era la época de Savage Dragon y el mejor Aquaman). Y a partir de ahí, todo lo demás. Creo que no quedamos muchos de esa generación, comparativamente hablando.

No sé si por culpa de eso o gracias a eso, porque miró la cosa desde otra atalaya, me parece que los estandartes de la crítica de cómics en nuestro país están encasillados en lo clásico. Con lo clásico me refiero a un abanico muy pequeño que va desde Hergé a Eisner. Parece como si la repetición de esquemas preestablecidos fuera garantía de calidad y, pero aún, que hay cosas que para este establishment no existen.

En los últimos años estos críticos no se han hecho eco de algunas maravillas que se podrían reivindicar si miedo a equivocarse, como el Romance Killer de Doha, el Super Spy de Matt Kindt o Nadie de Jeff Lemire. Me sorprendió el poco caso que se le hizo a Lo que el viento trae, de Jaime Martín, y, por el contrario, opino que una serie de autores han sido encumbrados desproporcinadamente.

No quiero decir que nuestro blog sea el mejor, ni que merezca más retuits que nadie. Sé a los que nos dedicamos. Y por eso escribo esto.

9 de nov. de 2014

Freakylive! #21


EL IMPERIO DE LOS MUERTOS, de G. A. Romero y Alex Malev (Panini)
MASTODONTE, de varios autores (Dibbuks)
LOKI, AGENTE DE ASGARD, de Erwing y Carbett (Panini)
PERKEROS, de J.P. Ahonen y K.P. Alare (Panini)
SECUESTRADO, de Thomas y Gully (Panini)
BALTIMORE, de Mignola y Golden (Norma)
SPIDERMAN: NEGOCIOS FAMILIARES, de Waid y Robinson. (Panini)
SANDMAN: Oveture #2, de Gaiman y Williams III (ECC)
EXÉGESIS, nº 37, de varios autores.
LA MUERTE DE LOBEZNO, de Charles Soule y Steve McNiven (Marvel)
NO PUEDES BESAR A QUIEN QUIERA, de Sandrine Revel y Marzena Sowa (La Cúpula)
INDEPENDENCIA, de Josep Busquet y José Ángel Áres (Diábolo)
THUMB PRINT, de Ciaramella y Malhotra (Panini)
COWBOY HENK, de Herr Seele y Kamagurka (Autsaider Comics)
LA BLOGOSFERA, de Bastien Vivès (Diábolo)
LÉO, LÉA, de Zidrou y Springer (Norma)
REVIENTA, CERDO, de Pascal Rabaté y Simon Hureau (Norma)

4 de sept. de 2014

Freakylive! #20



LA CANCIÓN DE APOLO, Osamu Tezuka (ECC)
AQUEL VERANO, Jillian & Mariko Tamaki (La Cúpula)
BATMAN: GRITOS EN LA NOCHE, Goodwin & Hampton (ECC)
BLACK PARADOX, Junji Ito (ECC)
KOMA, Wazem & Peeters (Dibbuks)
MIRACLEMAN, Anglo, Lawrence, Leach, Davis y Dillon (Panini)
CARAMELOS ATÓMICOS, Anthony Pastor (La Cúpula)
MAJARETA, Ellen Forney (La Cúpula)
ORLANDO Y EL JUEGO, Luis Durán. (Diabolo)
LOCKE & KEY: ALFA Y OMEGA, Joe Hill & Gabriel Rodríguez (Panini)
LA CASA EN EL CONFÍN DE LA TIERRA, William Hope Hodgson, Corben & Revelstroke (ECC)
MARSHALL LAW: ODIOSOS MUERTOS & TRIBUNAL SECRETO, Pat Mills & Kevin O'Neil (ECC)
LAS FÁBULAS NO ESCRITAS DE THE UNWRITEN,  Bill Willingham, Mike Carey, Mark Buckingham & Peter Gross (ECC)
THE MASSIVE: LONGSHIP, Brian Wood, Gary Brown, J. P. Leon & Jordie Bellaire (Panini)
NEW X-MEN: E DE EXTINCIÓN, Grant Morrison, Frank Quitely & Leinil Yu (Panini)
DIAL H: INTERCAMBIO, China Miéville, Alberto Ponticelli & David Lapham (ECC)
JLA: LA ISLA DEL DOCTOR MOUREAU, Roy Thomas & Steve Puch (ECC)
CUIDADO CON CREEPER, Jason Hall & Cliff Chiang (ECC)
LA MUJER REBELDE, Peter Bagge (LA CÚPULA)
HORROR!, Joe Simon & Jack Kirby (Diábolo)

16 de ago. de 2014

Los Guardianes de La Galaxia: el blockbuster definitivo

por David G. González
Los Guardianes de la Galaxia ha llegado a los cines después de una gran campaña de marketing y envuelta en buenas críticas, sobre todo del fandom comiquero. Normalmente, desconfío de las grandes campañas de marketing, pero desde un buen principio me dio la impresión de que esta tenía algo especial, que no era como las otras. Las estrategias publicitarias suelen ser ajenas a las pelis y se dan por supuestas. Es decir, que estamos produciendo Harry Potter: le damos un presupuesto millonario a unos creativos y que vayan haciendo carteles. Que estamos produciendo La cabaña en el bosque: no nos gastamos mucho en publicidad porque apenas ganaremos unos milloncejos. Con Los Guardianes de la Galaxia parece que algún trajeado de la productora, en algún momento, vio lo que James Gunn, el director, se traía entre manos. Y pensó: “Lo vamos a petar. Saca la pasta”.

En serio, no puedes decir que Los Guardianes de la Galaxia no te gusta. Quedarás como un gafapasta de postín o un tipo triste. El verdadero intelectual, el hipster seminal, el adalid de la cultura pop, verá que aquí se ha llevado el cine a otro nivel. Hemos cambiado de teorema, año 1 después de Rocket. Gunn ha consolidado el blockbuster de autor, el hedonismo para toda la familia, un noveno arte en el que no importa tanto hacer una película como hacerlo pasar bien. Los Guardianes de la Galaxia se vive al momento. No importa qué ha pasado antes, ni siquiera qué va a pasar. No tienes tiempo de pensar en nada de eso porque te lo estás pasando bien, y cuando te lo pasas bien no piensas.

¿Puede una película ser para todo el mundo? ¿Puede satisfacer todos los intereses? James Gunn lo ha conseguido. Para empezar, nos convierte a todos en niños, con una escena a lo Spielberg que arrancará las lágrimas de los más sensibles. Ahí hay nostalgia y años 80 en vena, así que a los eternos adolescentes de la época de Narajito ya nos tiene en el saco. Por otro lado, ha hecho una peli con un mapache gamberro y un árbol, llena de tipos azules y verdes y rojos, así que ya tiene a los niños también. Para los que necesitan bromas inteligentes, el gag sobre Pollock no tiene precio. Y a los que les guste el humor guarro a lo American Pie, pues la misma broma sobre Pollock funciona igual. A aquellos a los que sólo les interesan las pelis de acción o las naves espaciales, aquí también tienen una buena ración. Hay guiños para los amantes del cine, como la coña sobre Kevin Bacon o el cameo de Lloyd Kauffman. Y los fans de los tebeos también tienen tela que cortar (sólo la mera presencia de Yondu ya da para una precuela). Gunn transgrede los límites preestablecidos por Hollywood y deja la seriedad aparcada. Se comporta como un adolescente y hace bromas freakies que funcionan como chistes para todos los públicos. Y aquí el cómic de superhéroes se trata con la normalidad que se merece, como un producto cultural más, sin barreras ni prejuicios. Es la peli total. Es el blockbuster definitivo.

¿Y qué decir de la escena postcréditos? En serio, es un subidón. En veinte segundos, casi sin guión y con un diálogo escrito en la taza del water, la escena arranca las sonrisas, las lágrimas y casi el corazón de media sala. Al sentir la reacción de la gente, vi lo hondo que había calado el fantaterror en nuestra infancia y en nuestros padres. No sólo de los aficionados al cómic, también de esa generación afortunada de los 80. Con esos veinte segundos, Gunn consigue lo que J.J. Abrams no consigue en las dos horas de Super 8: hacernos recuperar la ilusión por ir al cine.

8 de ago. de 2014

Sobredosis de plumillas: lo que pienso del cine de superhéroes

por David G. González
Nadie me lo ha pedido. Ramón de España no me lo ha pedido. El lobby gay tampoco me lo ha pedido. Pero voy a decir unas cuantas cosas sobre el cine de superhéroes.

Si voy a ver una peli de superhéroes no quiero ver una peli de Haneke, en serio. No quiero ver a Plastic Man en manos de Terry Gilliam ni a Estela Plateada dirigida por Herzog. Sí, me encanta La pianista, me lo pasé de muerte con Miedo y asco en Las Vegas y el remake de Teniente Corrupto me parece la obra de un iluminado. Pero cuando voy a ver una peli de superhéroes voy a ver una peli de superhéroes.

Es muy sencillo: el cómic de superhéroes es un producto de consumo popular, masivo y rápido. No hablo necesariamente de los cómics de ahora, no hablo del Ojo de Halcón de Fraction y Aja, ni de los Ultimates. Hablo de Stan Lee, Steve Ditko y Jack Kirby. Hablo de Romita, Buscema y Davis. Hablo de los buenos tiempos.

Cuando releo el Silver Surfer de Stan Lee y John Buscema (y, en serio, soy un fan de Silver Surfer) no tengo que pararme a leer dos veces los diálogos. Ni siquiera lo hizo Stan Lee cuando los escribió. No hay ideas complejas ni reflexiones profundas. Hay un tipo plateado, sólo ante el universo, luchando contra los malos. Spiderman ama a Mary Jane. Superman salva La Tierra.

Los Vengadores de Joss Whedon o la segunda parte de Thor me parecen traslaciones perfectas de este espíritu a la gran pantalla, adaptadas a su tiempo y a su público con profesionalidad y más respeto del que Hollywood suele demostrar. Historias para todos, divertidas y con mensajes bienintencionados. Cosas claras y directas. Cosas sencillas.

Que venga alguien y diga que esto es de cretinos es como decir que la historia de la cultura popular, del Porompompero a Warhol, es basura. Que Curtis Garland escribía mierda. Que Amando de Ossorio hacía pelis para tontos. Es quitarle el alma a las salas de cine y a los tebeos de superhéroes.

El 6 de agosto de 2014, en la edición digital de El Periódico, Ramón de España escribía una artículo titulado Sobredosis de superhéroes (no, no voy a linkarlo) en el que tachaba de cretino al público generalista y de “cantamañanas” a Alan Moore. Venía a decir también que The Sandman era una chorrada. Y alababa el Batman de Tim Burton y el Hellboy de Guillermo del Toro como si fueran las únicas adaptaciones cinematográficas que se pudieran salvar de una quema. No decía nada del Watchmen de Zack Snyder, ni del American Splendor de Robert Pulcini y Shari Springer, ni del Ghost World de Terry Zwigoff, ni del Sin City de Robert Rodríguez. Ni de Akira o Persépolis (sí, señor De España, la animación también es cine). Ofendido, como aficionado al cómic y al cine y periodista, les escribí una carta.

La nueva imagen de Thor que Marvel anunció el pasado julio
Eso sucedía pocos días después de que Beatriz Rojo publicara en La Gaceta un artículo bajo el título “Superhéroes gays, transexuales y de color”. Huelga decir que el texto levantó la ira de los aficionados diciendo cosas como que Thor es “el primer superhéroe transexual” o insinuando que hay un lobby gay con poder suficiente como para decidir el devenir de los personajes de Marvel.

En serio, se está escribiendo por llenar páginas, cortando y pegando de aquí y de allá sin medida. Y lo peor es que estos plumillas adoptan una actitud pseudoprogresista de postín que no hace ningún bien. No es simplemente cuestión de enfadar a los aficionados al cómic. Los lectores de tebeos han sido siempre una minoría, y las minorías están acostumbradas a no ser respetadas. Es que lo hacen con todo. Lo hacen con el hambre y el paro. Lo hacen con los políticos. Es que, señores de la prensa, llenando sus páginas de mierda lo único que conseguirán es que todo el mundo que tenga dos dedos de frente deje de leerles. En serio. Sólo lo harán los cretinos.

28 de jul. de 2014

The Expendables 3: hacia la película perfecta

Que Sylvester Stallone fuera el alma mater de una película como Rocky tendría que ser suficiente para quitarle peso al sambenito de icono del cine basura que algunos le han colgado. Un fama que hay que reconocer que él mismo se ha ganado a pulso gracias a cintas como Driven, D-Tox o El protector. Si al menos su carrera como actor se hubiera mantenido a la altura de Acorralado o Encerrado, otro gallo cantaría. Quizás gozaría de la simpatía que suscita Bruce Willis en lugar del rechazo que provoca la idea de ir a ver una peli de Stallone, especialmente en Europa. Curiosamente, ahora que Stallone resucita, Willis tira su carrera por el desague participando en producciones que destacan más por su baja calidad que por su bajo presupuesto.



Cuando Stallone anunció Los Mercenarios, con un elenco de viejas y nuevas glorias del cine de acción, se escucharon los vítores de un público que creció con el auge de este tipo de cine en los años 80. Pese a la desconfianza de la crítica y del público generalista, la primera entrega de la saga resultó ser una cinta de acción resuelta, con algunos guiños cinematográficos y mucho respeto por el género. Pero era una cosa que se quedaba corta, a medias, un producto por construir. Le faltaba la magia que se nos había prometido, quizás porque desde Hollywood tampoco se acabó de confiar en el proyecto. Eso provocó la ausencia de algunas estrellas y que las apariciones de Arnold Schwarzenegger y Bruce Willis se quedaran en poco menos que nada.

Los Mercenarios 2, en cambio, sí fue la película que debía ser. Incluso quizás la primera parte ni siquiera debería haber existido. Aquí no sólo Schwarzenegger y Willis cobran más protagonismo, sino que contamos con la presencia de Chuck Norris y Jean Claude Van-Damme, muy reclamado por sus fans tras su ausencia en la entrega anterior. Pero como muchas otras películas han demostrado, un elenco de lujo no es garantía ni de calidad, ni de éxito. Así que Los Mercenarios 2 requería una reflexión. No sé exactamente como fue, quién tuvo la idea o cuan premeditada resultó. El caso es que decidieron hacer una comedia, aunque no una comedia al uso. La cinta arranca con un escena preliminar, a lo James Bond, que resulta ser un derroche de arte cinematográfico, como ya pasaba en la primera parte. Después, la trama deambulaba sobre una serie de tópicos del cine de acción, todo muy serio y solemne, hasta que llega un momento en el que el espectador tiene que decir: “Espera, para la cinta. ¿Esto va en serio?”. La respuesta llega en seguida, cuando Chuck Norris aparece dela nada acompañado de la banda sonora de El Bueno, el Feo y el Malo. Eso no puede ir en serio. A partir de ese punto la trama se desmadra y todo se convierte en un ejercicio autoreferencial sólo para verdaderos fans que eleva la cinta a la categoría de metacine. Sabiamente, Stallone, un director comedido y contenido, dejó la dirección en manos de Simon West, conocido por su tendencia a los excesos gracias, sobre todo, a Con Air (otra peli sobre la que hacer correr ríos de tinta).

A mi humilde entender, la idea de Los Mercenarios empieza y acaba con la segunda parte. Pero Stallone debió pensar que aún le quedaban cosas por hacer, o, quizás, que aún le quedaban amigos a los que llamar (aunque por el camino perdió a Bruce Willis a causa de una discusión sobre sus honorarios). Y por eso ahí están Wesley Snipes (brillante en la película), Mel Gibson (correcto), Antonio Banderas (histriónico) y Harrison Ford (que llena la pantalla). El resultado es Los Mercenarios 3, la más redonda de las tres partes, una peli de acción que roza la perfección en muchos aspectos. Olvidaos de las exageraciones, bromas y referencias de la segunda parte. Esta es una película seria. Sí, vale, las lanchas saltan sobre los camiones y las motos utilizan los aviones como rampas, pero eso está aceptado dentro del género. Eso provoca aplausos si lo que vas a ver es lo que vas a ver. Esta tercera parte es un ejercicio de estilo muy respetuoso, con lo mejor del género, la estética un poco oscura de las anteriores cintas y un ápice de majestuosidad que viene dada por el enfrentamiento entre las viejas glorias y el nuevo equipo de actores jóvenes. Quizás este sea Los 7 Magníficos con el que se tenga que conformar esta generación.

La peli tiene sus fallos, eso sí. La cosa resulta tan coral que a veces parece que a los personajes les acaban faltando minutos en pantalla. Uno casi se olvida de ellos. Snipes pide a gritos más planos (quizás los que le sobran a Banderas) y el espectador necesitará saber más sobre porqué Gibson es tan malo. Por lo demás, el guión es tan sencillo como efectivo, la factura (sobre todo el montaje) es de diez y todos los personajes resultan bastante creíbles excepto, paradójicamente, Stallone, quizás por las boinas que se empeña en llevar. Visto esto, sorprende que la dirección haya recaído sobre el joven Patrick Hughes, que se hizo un nombre con la comedia romántica en forma de corto Signs.


En definitiva, Los Mercenarios 3 no va a convertir a los incrédulos, pero no defraudará a los fans, siempre que vayan más a ver una peli de acción bien hecha que una ristra de cameos ochenteros. Si entras en el juego, tienes dos horas de entretenimiento garantizado.